Master Xu Yun – Nube Vacía        
 
Tabla de Contenido
 
 
Traducido al Español
Por Shi Chuan Fa
Edición española revisada el 18 de julio del 2002 por la Rev. Yin Zhi Shakya, OHY (Hortensia De la Torre)
 
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Las Enseñanzas de Xu Yun – Nube Vacía *
Recordando al Gran Maestro Chino del Budismo Zen, Xu Yun *

Capítulo 1 – Introducción *

Capítulo 2 - Entrenamiento Chan *

Capítulo 3 - Alcanzando la Iluminación *   Con los Preceptos  y  El Correcto Esfuerzo

Capítulo 4 - El Sermón de la Flor del Buda *

Capítulo 5 - Estados de Desarrollo *

Capítulo 6 – Dificultades *

Capítulo 7 - Respiración y postura *

Capítulo 8 - Perseverancia e Iniciativa *

Capítulo 9 - Transmisión Sin Palabras *

Capítulo 10 - Pang el Seglar *

Capítulo 11 - El Dao Inmortal *

Capítulo 12 - Mo Shan *

Capítulo 13 - Conclusión *

Final de ‘Las Enseñanzas de Xu Yun o Nube Vacía’ *

Voto de Lealtad a Uno Mismo y a la Verdad  *

 

Las Enseñanzas de Xu Yun – Nube Vacía

 

Como fueron recopiladas de las notas y recuerdos de Jy Din Shakya

y relatadas a la Rev. Ming Zhen Shakya, OHY (llamada anteriormente Chuan Yuan Shakya)

y a Upasaka Richard Cheung

 

Traducido al Español
por Shi Chuan Fa
Edición española revisada por Yin Zhi Shakya, OHY

 

Recordando al Gran Maestro Chino del Budismo Zen, Xu Yun

El nombre del Maestro, Xu Yun, en español significa "Nube Vacía", una traducción que a menudo confunde a la gente. Todos sabemos lo qué es una nube, pero nos preguntamos qué significado le añade el calificativo "vacía".

En la literatura Chan ó Zen, el término "vacío" aparece con bastante frecuencia y con sentidos muy diferentes, así que comenzaré por intentar aclarar su significado.

Estar vacío significa estar vacío del ego, no tener ningún pensamiento del ‘yo’. No en el sentido que se actúe como un vegetal o un animal salvaje – cosas vivientes que simplemente procesan agua, comida y luz solar para poder crecer y reproducirse – sino en el sentido de que ‘se deja de juzgar’ las acciones, las personas, los lugares, y el entorno en términos de "yo", de "mí" o de lo "mío". Una persona que está "vacía del yo" rara vez tiene ocasión de emplear estos pronombres.

Permítanme que sea más específico. Todos hemos oído hablar de un pariente, o de un amigo, que dice ser totalmente altruista en su amor hacia otro. Un marido diría, "No guardo nada para mí. Se lo doy todo a mi mujer." Este hombre no está vacío. Se ha limitado a proyectar una parte de su identidad en otra persona.

Una persona que está verdaderamente vacía no posee nada, ni siquiera conciencia del yo o de sí mismo. Sus intereses no dependen de sus propias necesidades y deseos, pues en efecto no toma en cuenta estas consideraciones, sino que se preocupa por los demás. No juzga a la gente por ser simpática o antipática, digna o indigna, útil o inútil, etc. No aprecia ni desprecia a nadie. Comprende simplemente que el Buda Amitaba, el Buda de la Luz Infinita y la Bondad, vive en todos los seres humanos y todo lo invierte solamente en la empresa de ese Yo Búdico.

Alcanzar este vacío nunca resulta fácil. Una vieja historia Chan lo ilustra:

Una vez un Maestro Chan emprendió la formación de un novicio que tenía grandes dificultades para separarse de las personas de su anterior vida secular. "No puedes servir al Dharma hasta que cortes estos lazos – le dijo el Maestro — ¡Debes destruir estas relaciones posesivas! ¡Mátalas! ¡Míralas como si ya no existieran!"

- ¿Pero también debo matar a mis padres? – preguntó el novicio.

- ¿Quiénes son ellos para ser perdonados? – respondió el Maestro.

- Y a usted, Maestro -dijo el novicio – ¿también debo matarlo?

El Maestro sonrió y dijo, "No te preocupes, no queda lo suficiente de mí como para que me pongas las manos encima."

Así era Xu Yun, no había suficiente de él para que alguien lo agarrase. En 1940 las Fuerzas Aéreas del Imperio Japonés bombardearon el Monasterio de Nan Hua donde estaba meditando; pero no le pudieron poner las manos encima. En 1951, cuando era un anciano de noventa y tres años, batallones de desalmados comunistas le golpearon repetidamente, y aunque le rompieron los huesos y consiguieron matar a sacerdotes más jóvenes y fuertes, tampoco pudieron ponerle las manos encima. No había suficiente de él para que alguien lo cogiese. ¿Cómo puede asesinarse el Yo Búdico? Xu Yun no moriría hasta que estuviese listo para morir, hasta que hubiese terminado las tareas que se había impuesto.

Les hablaré de este hombre extraordinario, esta Nube Vacía cuya presencia influyó tanto en mi vida. Les contaré cosas que recuerdo y haré lo posible por transmitirles sus enseñanzas del Dharma. Quizás si aprenden de él puedan experimentar parte de la alegría que sentí al conocerle.

Estar en presencia de Xu Yun era encontrarse en medio de la mañana de un día soleado, o en una de esas nubes que se estancan en lo alto de la montaña. Una persona puede alargar la mano e intentar atrapar la niebla, pero sin importar cuánto se esfuerce por cogerla, su mano siempre seguirá vacía. A pesar de todo, sin importar lo seco que esté su espíritu, la Nube Vacía lo envolverá con una humedad dadora de vida; sin importar cómo arda su espíritu lleno de ira o desilusión, una tranquilizadora frescura se posará sobre él, como rocío ligero.

Esta es la Nube Vacía de Xu Yun que permanece con nosotros. Ni el tiempo ni el Sol pueden destruirla, puesto que es Sol en sí misma; salvo que además es eterna.

Ahora les contaré algo sobre la historia que ambos compartimos.

Durante la década de 1920, cuando yo aún era un niño, Xu Yun no había llegado todavía al Monasterio de Nan Hua, el monasterio que Hui Neng, el Sexto Patriarca Chan, había fundado cerca del pueblo de Shao Guan, donde yo vivía. Shao Guan está situado aproximadamente a ciento sesenta kilómetros al norte de Guang Zhou (Cantón) en la Provincia de Guang Dong, que está al sur de China.

Desde que se fundó en el año 675 d.C., el Monasterio de Nan Hua ha atravesado ciclos de decadencia y esplendor; pero cuando yo era niño, sin lugar a dudas estaba atravesando una de sus fases de decadencia. Como claramente puedo recordar, se parecía mucho más a un patio de recreo que al lugar sagrado que es hoy en día.

En aquellos días Shao Guan era un soporífero y pequeño pueblo ribereño, un lugar en que los chicos no podían hacer muchas cosas para divertirse. Ir al Monasterio de Nan Hua era nuestro equivalente a una excursión a Disneylandia.

Lo que hacía aún más excitante la visita a este monasterio-patio de recreo es que nadie parecía estar al cargo. Vivían allí cerca de cien monjes y unas pocas monjas, pero la mayoría estaban ocupados en discusiones: monjas contra monjas, monjes contra monjes, monjas contra monjes. Y los edificios de este gran centro religioso eran simplemente el lugar donde acaecían estas disputas. No parecía importar que la madera se estuviese pudriendo, que la cantería se estuviera derrumbando o que el herraje de la vieja pagoda roja y blanca se estuviese oxidando. La decadencia simplemente seguía el ritmo del decaimiento en la disciplina monástica. Budistas devotos, como mis padres, iban de visita y echaban dinero en las cajas de donación; y si los niños revoltosos que llevaban con ellos, como mi hermano mayor y yo, se subían a las viejas estructuras, jugaban al escondite detrás del santuario sagrado, o corrían por los vestíbulos santos, nadie protestaba. Haber impedido que nos divirtiéramos podría haber hecho que disminuyeran las donaciones. Supongo que los monjes se preguntaban si ya que tenían que sufrir con edificios desmoronados, por qué deberían correr el riesgo de agravar sus problemas con escasez económica.

Así que nos lo pasábamos bien siempre que íbamos a Nan Hua. Solíamos cruzar el puente del río Caoxi (Ts'ao Xi) y subir a una de las montañas cercanas en la que había un nicho natural de piedra. Se decía que el Sexto Patriarca había meditado en este nicho. Solíamos sentarnos en él y reír imitando su postura piadosa.

No es de extrañar que el Sexto Patriarca se le apareciera a Xu Yun en una visión, y le pidiera que fuese al Monasterio de Nan Hua para poner en orden toda la confusión en que se había convertido.

No me encontré con Xu Yun hasta 1934 cuando yo tenía diecisiete años y él estaba en los sesenta. El se encontraba entonces como en la fotografía que he reproducido al comienzo del texto. Les hablaré de este encuentro. Pero para poder apreciarlo, necesitan conocer un poco más sobre mi historia previa.

Mi apellido es Feng. Originalmente mi familia viene de la Provincia de FuJian, pero mi padre se trasladó a Shao Guan y allí es donde nacimos y crecimos mi hermano mayor y yo. Según los criterios locales mi familia era considerada rica. Mi padre tenía dos negocios: un negocio de materiales de construcción y suministros, y una tienda en la que vendía comida desecada como champiñones, cebolletas y otras variedades de vegetales.

Supongo que mis padres esperaban en un principio que un día mi hermano se encargara de un negocio y yo del otro. Pero los talentos de mi hermano no estaban en las ocupaciones académicas, y pronto se empezaron a preocupar por su capacidad. Cuando yo tenía cuatro años comencé a estudiar con los tutores que habían llamado para educarle. Entonces mi hermano me sacaba dos años. Sin embargo, yo aprendía rápidamente y comencé a "saltar" cursos hasta que le aventajé. Así que al terminar el Sexto Año de la Escuela Primaria, a pesar de ser dos años menor que mi hermano, me gradué con dos de ventaja.

Después entré en la Escuela Secundaria o Intermedia. La escuela a la que asistía se llamaba Li Qun que significa una escuela que "alienta a la gente". Era una escuela de la iglesia Católica Romana y todos los profesores eran sacerdotes y monjas católicos. Estaba considerada como la mejor escuela de la zona. Pero el estudio del Cristianismo era más o menos opcional; y en mi caso decidí no estudiarlo. Todo lo que me interesaba en realidad era jugar a la pelota. Si algo se podía lanzar, patear, botar o golpear, me interesaba. En la Escuela Intermedia esto era lo que más me "animaba" a hacer.

A pesar de ello atendía suficientemente mis estudios como para ser admitido en una Escuela Superior de tres años. No me sentía muy atraído por la venta de vegetales desecados así que pensé en hacerme profesor.

Y allí estaba yo en 1934, un muchacho engreído de diecisiete años... un listillo, dirán, que como era normal, se fue unas vacaciones al Monasterio de Nan Hua con el resto de chicos y chicas para divertirse un rato. Nunca había oído hablar de Xu Yun y ciertamente no esperaba descubrir que un hombre santo acababa de llegar a Nan Hua. Y allí estaba él...

Algo me sucedió cuando le miré la cara. De repente bajé las rodillas y apoyé mi frente en el suelo, postrándome. Mis amigos estaban atónitos, yo nunca me había arrodillado ante nadie en mi vida... y allí estaba yo, inexplicablemente, sin que nadie me sugiriera hacerlo, humillando mi cuerpo ante él. Lleno de temor reverencial y de sorpresa, me postré tres veces seguidas ante Xu Yun. El Gran Maestro me sonrió y me preguntó, "¿Quién eres y de dónde vienes?" Yo apenas susurré, "Soy Feng Go Hua, y vengo de Shao Guan." Xu Yun sonrió de nuevo y dijo, "Diviértete aquí en el Templo de Nan Hua." Él estaba rodeado por muchos otros monjes que lo miraban en silencio. Supongo que no se lo explicaban, tampoco yo.

Al irme ya estaba impaciente por volver a Nan Hua... pero no para divertirme... quería ver a Xu Yun de nuevo.

La segunda vez que le vi me preguntó si quería tomar los Preceptos Budistas, que es como se dice formalmente hacerse budista. Dije, "Sí, claro." Y así recibí los Preceptos de Xu Yun. Él me dio el nombre de Kuan Xiu, que significa " práctica grande y profunda".

No más fútbol, baloncesto, ni ping pong. Ahora, durante mis vacaciones de verano, viajaba unos treinta y dos kilómetros hasta el Monasterio de Nan Hua dos veces por semana. Solía coger el tren hasta la Montaña Ma Ba, una formación rocosa prominente, y luego solía caminar seis kilómetros hasta el monasterio. Xu Yun me daba libros de Budismo para que los estudiara; y así es como pasé mis vacaciones. Por primera vez en mi vida, sentí la religión en el corazón. Quería hacerme sacerdote.

Pero mi repentina conversión religiosa causó confusión en mi casa. Las cosas no eran tan simples. En primer lugar, cuando nací, mis padres me llevaron a un famoso astrólogo para que hiciera mi horóscopo natal. Este astrólogo vio claramente en las estrellas que me convertiría en un oficial militar de alto rango y que moriría a la edad de treinta años. Tener un héroe muerto en la familia era un honor al que no renunciarían tan rápidamente. Sin embargo, estaban felices de que me fuera tan bien en la escuela. Esto significaba que los negocios familiares estarían seguros en mis manos, especialmente cuando se estaba haciendo cada vez más evidente el hecho de que los negocios no irían tan bien en las manos de mi hermano. Cuando mis padres se enteraron finalmente de mi deseo de hacerme sacerdote, como budistas que eran, recibieron felizmente la noticia; pero como gentes de negocios, estaban muy inquietos. ¡El hijo equivocado quería hacerse sacerdote!

Aunque en realidad, antes de sentirme llamado por el sacerdocio, tenía otras intenciones para mi futuro. Nunca le di ningún crédito a las predicciones del astrólogo, pero, estando un poco cansado con el panorama de convertirme en maestro de escuela, decidí que tras finalizar la Escuela Superior, seguiría adelante y entraría en la Escuela Militar de Chiang Kai Shek (Academia Whampao) en Cantón. Chiang era comandante de Whampao en aquellos días.

Debido a mi ambición, mi hermano se vio obligado a prepararse lo mejor que pudo para hacerse cargo de los negocios familiares. Afortunada, o desafortunadamente, nunca tuvo que demostrar su valía en el mundo comercial. Después de la invasión japonesa llegó la revolución comunista y no hubo negocios de los que hacerse cargo.

Pero en 1934, cuando tenía diecisiete años, y cursaba mi primer año en la Escuela Superior, la guerra con Japón aún no había comenzado. Xu Yun, con la previsión del verdadero sabio, desalentó inmediatamente mis ambiciones militares. En realidad, abandoné esta idea el día que le conocí. Quería hacerme sacerdote pero no le comuniqué mi deseo porque pensaba que sonaría vano y frívolo. Me parecía menos presumido decir que quería hacerme general a que quería hacerme sacerdote. Pero más tarde, en una de mis muchas charlas privadas con Xu Yun, le confesé mi esperanza de hacerme sacerdote algún día. Simplemente me dijo que quería que siguiese en la Escuela Superior y terminara mi formación. Después hablaríamos del sacerdocio.

En 1937 me gradué en la Escuela Superior. Ese otoño, en el Festival de Mitad del Otoño a mediados de septiembre, o el Octavo Mes de Luna Llena según el calendario chino, me afeité la cabeza. Me trasladé inmediatamente al Monasterio de Nan Hua como novicio residente, y esperé la Ceremonia de Ordenación que tendría lugar en el plazo de tres meses. Y efectivamente, doscientos monjes más y yo fuimos ordenados, a mediados de diciembre de 1937, en la Ceremonia de Ordenación.

Fue en esta ocasión cuando el Maestro Xu Yun me dio el nombre de Jy Din que significa "comprender y alcanzar la paz". También me dio muchas de sus viejas prendas que me sentía muy privilegiado de poder llevar.

Poco después de hacerme monje, los japoneses invadieron China y comencé a sospechar que Xu Yun había tenido una premonición – que él me había desalentado deliberadamente de entrar en la Escuela Militar, porque temía que si me convertía en oficial del ejercito podría convertirme también en su víctima. Él tenía otro trabajo que encomendarme, y Xu Yun era un hombre para el que la palabra "fracaso" no existía. Él tenía metas; y yo era para él uno de los instrumentos que usaría para lograrlas.

La vida en el Monasterio de Nan Hua era dura. Los monjes y las monjas producían sus propios vegetales, cocinaban, limpiaban, e incluso cosían sus propias ropas. Dormían sobre planchas de madera que cubrían solamente con una fina esterilla de paja. El dinero se obtenía de donaciones caritativas, y de las rentas recibidas de los agricultores que arrendaban tierras del monasterio.

Cuando Xu Yun llegó a Nan Hua en 1934, sabía que no podía haber felicidad hasta que la disciplina fuera reestablecida. Por lo tanto estableció unas normas y regulaciones estrictas. La primer vez que alguien rompiera una regla, él o ella sería castigado. La segunda vez que alguien rompiera una regla sería expulsado.

Xu Yun distribuyó en departamentos los distintos trabajos y deberes y estableció una jerarquía, un orden ascendente de responsabilidad, para vigilar cada departamento. Todo el mundo tenía que hacer su trabajo, y Xu Yun no toleraba la negligencia. Tenía un fuerte bastón que llevaba con él dondequiera que fuese, y no temía utilizarlo. Milagrosamente, cesaron todas las discusiones y las malas conductas. La ley y el orden trajeron la paz.

Esto, sin embargo, no era suficiente para restablecer la disciplina monástica. Xu Yun también sabía que los edificios del monasterio debían ser reconstruidos. Aunque mi padre no suministró ninguno de los materiales de construcción y otra compañía fue la que recibió el contrato, donó dinero para apoyar el proyecto. Afortunadamente, los edificios dormitorios fueron los primeros en ser reconstruidos y todos en Nan Hua pudieron apreciar la mejoría de las habitaciones.

En 1938, el Maestro Xu Yun fue invitado a acudir a Hong Kong, donde se habla cantonés, para dar una serie de servicios y charlas instructivas. Dado que el maestro hablaba 'hunan', un dialecto del norte, y yo hablaba tanto cantonés como hunan, fue necesario que le acompañara para actuar como intérprete.

Mientras estábamos allí los japoneses atacaron a Shanghai, al norte y a Nanjing, al sur. El número de victimas en Shanghai fue asombroso, y por lo que a Nanjing respecta, los ataques fueron tan terribles que el día del ataque es conocido como la infame Violación de Nanjing, pues muchos civiles inocentes fueron sacrificados deliberadamente.

Como había muy pocas carreteras hasta Nanjing, y todas ellas eran peligrosas, muchos refugiados intentaron escapar de los invasores japoneses tomando rutas fluviales. Naturalmente, y dado que el pueblo de Shao Guan está situado en la confluencia de dos ríos, muchas barcas de refugiados arribaron allí.

Cuando Xu Yun se enteró de los ataques de Shanghai y Nanjing, anticipó esta crisis de refugiados y terminó inmediatamente sus charlas en Hong Kong. Ambos regresamos a Nan Hua y pusimos en marcha un programa de ayuda para los refugiados.

Xu Yun decretó que los monjes de Nan Hua adoptaran la vieja costumbre budista, todavía practicada por las órdenes theravadas, de tomar solo dos comidas al día, desayuno y almuerzo. Ningún alimento de ninguna clase podía ser tomado después del mediodía. La comida que se ahorró se donó a los refugiados y cuando fue necesario a los soldados chinos. Debido a la gran angustia de la gente, Xu Yun celebró muchos servicios religiosos adicionales para los muertos y los heridos. Estos servicios ayudaron a llevar esperanza y consuelo a muchas almas angustiadas.

Pero para Xu Yun una meta era una meta, y ni tan siquiera la invasión japonesa le detendría de restablecer el Monasterio de Nan Hua. Por lo tanto, el programa de reconstrucción continuó.

En 1939 se construyeron las famosas estatuas del Rey Direccional y el templo para su alojamiento. La ceremonia de instalación oficial se celebró en 1940. El esfuerzo empleado en la reconstrucción tenía un efecto saludable en la moral de cada uno. Proporcionaba un sentimiento de propósito y de porvenir.

Ahora les hablaré del bombardeo al monasterio de Nan Hua al que anteriormente hice referencia:

Después de que los japoneses atacaran Nanjing y Shanghai, los gobernadores de las cuarenta provincias (estados) chinas celebraron una serie de encuentros en el Monasterio de Nan Hua, en un intento por desarrollar una política de defensa coordinada y una estrategia para hacer frente a los invasores japoneses. Se suponía que estas reuniones eran de alto secreto; pero los japoneses, que habían establecido una base aérea en Guang Zhou (la capital de Cantón), rápidamente se enteraron de ellas.

Por supuesto, aunque más tarde todo el mundo intentó culpar del fallo de seguridad a espías dentro del equipo de uno u otro gobernador, el hecho es que, en el camino que los políticos tomaban normalmente, nadie se preocupó en esconder las reuniones. Los gobernadores y sus séquitos llegaban espléndidamente... en limosinas. Había bastante cromo brillando en el aparcamiento de Nan Hua como para llamar la atención de alguien en Marte. Los japoneses de Guang Zhou no tuvieron, desde luego, ningún problema para localizar el emplazamiento de este secreto encuentro político.

Por lo tanto, en un esfuerzo por destruir a tantos líderes civiles de un solo golpe, los japoneses enviaron al norte tres cazabombarderos para atacar el Monasterio de Nan Hua.

Cuando los aviones comenzaron a bombardear y a destrozar a tiros el complejo del monasterio, Xu Yun ordenó inmediatamente a todos que se pusieran a cubierto y guardaran la calma. Envió a los gobernadores al Templo de los Seis Patriarcas y a los monjes al más grande Templo de Ming. El se fue tranquilamente al objetivo más obvio, la Sala de Meditación, para rezar por la seguridad de todos.

En la primera pasada, uno de los dos hombres que estaban encargados de vigilar los coches de los gobernadores, fue asesinado. Había abandonado su puesto y se puso a cubierto en un gran tubo de cloaca que iba a ser utilizado en el proyecto de reconstrucción, y una de las bombas cayó sobre el tubo, matándole. Irónicamente, el otro guarda que permaneció en su puesto, en el visible cuartel de guardia, solamente salió herido.

Otra bomba cayó silbando y se estrelló justo afuera de los muros del monasterio, destruyendo un gran cedro de Joshu y haciendo un agujero en el suelo que aún sigue allí hoy en día, lleno de agua, como un pequeño estanque.

Pero entonces, después de que Xu Yun entrara en la Sala de Meditación y comenzara a rezar, ocurrió un milagro. Dos de los tres bombarderos chocaron entre ellos y cayeron sobre la Montaña Ma Ba. El avión restante regresó inmediatamente a su base de Guang Zhou.

Naturalmente, el accidente aéreo fue acreditado al poder espiritual de Xu Yun. Todos lo chinos que lo conocían no dudaban acerca de esto; pero lo que es más importante, los japoneses por lo visto también comenzaron a creer. Con gobernadores o sin ellos, nunca más se intentó bombardear Nan Hua.

Los japoneses intensificaron la guerra en el interior, y a finales de 1944 consiguieron finalmente tomar la ciudad de Shao Guan. Pero incluso entonces, a pesar de estar tan cerca de Nan Hua, no lo atacaron. Creíamos que temían al poder espiritual de Xu Yun. A pesar de la ocupación, nunca permitieron a sus soldados de ocupación perturbar la santidad del monasterio.

Pero para regresar a mi historia - en 1940, Wei Yin, el hombre que un día sucedería a Xu Yun como abad del monasterio de Nan Hua, se hizo monje. Fue un honor para mí afeitarle la cabeza y darle su nombre de Wei Yin que significa, ‘el Sello del Dharma de la Causa y Efecto’. Su nombre secundario fue Zhi Gua que significa ‘conocer el resultado’. En otras palabras, determina la causa de una acción y su efecto y obtendrás los resultados esperados. Wei Yin permaneció en el Monasterio de Nan Hua para asistir a Xu Yun con las tareas adicionales de ayudar a las víctimas de la guerra. En ese mismo año, sabiendo del mal estado y desorden en el que había caído el una vez gran Monasterio de Yun Men, Xu Yun me envió allí para ayudar a restablecer el orden y supervisar la reconstrucción. Para esta tarea Xu Yun me elevó al rango de Maestro.

Era necesario pasar por delante de muchos soldados japoneses durante mi caminata de dos días hasta el Monasterio de Yu Men. Pero de nuevo, la influencia de Xu Yun fue tan grande que se extendía incluso hasta mí, y ningún soldado osó interferir en mi viaje. Habiendo llegado sin incidentes, tomé residencia en Yun Men.

En Da Xia Shan, el tercer gran monasterio de la zona de Shao Guan, no había problemas con los japoneses. La situación de este remoto monasterio desalentaba la actividad militar, y el Maestro Ben Wen podía mantener una paz y disciplina monástica.

Permanecí en el Monasterio de Yun Men hasta 1944, cuando Xu Yun decidió establecer una Escuela Budista en Nan Hua, con el fin de enseñar el antiguo Código Monástico Vinaya a todos aquellos que se convertirían en monjes y monjas. Ahora podía comprender la meta de Xu Yun y su consejo de que permaneciera en la escuela. Mi grado de estudios me calificaba para supervisar la organización de esta nueva Escuela Vinaya y también para convertirme en uno de sus profesores.

Ya que Xu Yun sentía la necesidad de proporcionar una buena educación a los niños, decidió crear también una escuela primaria en Nan Hua. Quería que esta escuela fuese una institución de primera clase y, en poco tiempo, estudiantes de muchas partes de China vinieron a Nan Hua para ser educados. Naturalmente, los padres ricos donaban dinero por la matrícula de sus hijos, los libros, el material escolar, y también por la habitación y la pensión. Pero Xu Yun creía que todos los niños, ricos o pobres, tenían derecho a la educación y por eso se permitía acceder a los niños pobres a esta escuela de primera, sin costo de ninguna clase. Xu Yun les proporcionaba libros, material escolar, y cualquier alimento o alojamiento que necesitaran. Yo observaba mis responsabilidades en la escuela como sagradas, y puse lo mejor de mí para cumplir mis obligaciones con gran devoción y esmero. Todo el que estaba asociado con la escuela sentía lo mismo que yo, y por todos nuestros incansables esfuerzos, la escuela ganó rápidamente su reputación de excelencia.

Mientras el Maestro Wei Yin y yo residimos en Nan Hua, Xu Yun se fue a vivir al Templo de Yun Men para continuar la supervisión de su reconstrucción.

Entonces la dirección de mi camino en el Dharma dio otro giro.

Muchos chinos se trasladaron a Hawai, especialmente durante los años de guerra. Y aunque había muchos budistas chinos viviendo en Hawai, que por entonces solo era un territorio americano, no había templo budista ni tan siquiera sacerdotes que enseñaran y condujeran servicios. Estos chinos hawaianos mandaban repetidas delegaciones a Hong Kong pidiendo que se enviaran sacerdotes a Hawai para servir a la gente, y también para supervisar la construcción de un templo, pero Xu Yun estaba dedicado a la restauración del monasterio de Yun Men así que decidió enviarme a mí en su lugar.

En 1949 completé la primera etapa de esta misión cuando llegué a Hong Kong e inicié los necesarios trámites de inmigración. No llegaría a Honolulu hasta 1956, Hawai se convirtió en estado en 1959; y nuestro templo, al que llamé Templo de Hsu Yun (Xu Yun), fue el primer templo budista de Hawai.

 
No mucho después de haber llegado a Hong Kong en 1949, terminó la guerra civil china, y los comunistas tomaron el control del gobierno. Escuadrones de desalmados comunistas, suponiendo que las iglesias y templos eran almacenes de oro escondido y otros valores, marcharon contra los indefensos edificios religiosos y pidieron que el clero les devolviera estos inexistentes tesoros.
 
En 1951, mientras yo estaba en Hong Kong, un escuadrón de estos crueles e inhumanos, fue al Monasterio de Yun Men y le pidieron a Xu Yun que les entregara el oro y valores del templo. Xu Yun intentó explicar que no había tales valores en el Monasterio de Yun Men. Pero no le quisieron creer y uno por uno, golpearon a los monjes en un esfuerzo por provocar la revelación del escondite del tesoro. De hecho, un monje fue golpeado hasta la muerte; varios monjes desaparecieron y sus cuerpos nunca fueron encontrados. Muchos sufrieron serias lesiones como brazos y costillas rotas. Durante los tres meses que estos desalmados ocuparon el monasterio, interrogaron y golpearon a Xu Yun con frecuencia, y más tarde lo tiraron en un pequeño cuarto oscuro durante días, negándole comida y agua. Fue golpeado muchas veces hasta perder el conocimiento y casi hasta la muerte. Pero a pesar de las numerosas lesiones internas y huesos rotos, este hombre que estaba en los noventa y tres años aguantaba, ejercitaba su enorme fuerza de voluntad y se negaba a abandonar la vida hasta que terminara su misión. Sabía que su presencia viva, aunque solo en un pequeño grado, estaba sirviendo para contener a los atacantes. También sabía que tanto tiempo como siguiera vivo, podía inspirar a sus seguidores; y en estos tiempos difíciles necesitaban toda la inspiración que pudieran obtener.
 
Resolviendo que su voluntad por sobrevivir debía ser más fuerte que la voluntad de sus atacantes por destruirlo, Xu Yun, aunque frágil físicamente, fue indomable; y se recuperó a pesar de las torturas a las que había sido sometido.
 
Aunque estos desalmados habían intentado mantener en secreto el trato que le estaban dando al hombre santo, pronto se extendieron noticias de su tortura por todo el mundo, y chinos de todo el globo se quejaron enérgicamente al gobierno de Pekín (Beijing). Era inconcebible que los invasores japoneses hubieran respetado al sacerdocio y a los monasterios, y sin embargo los militares chinos los violaran.
 
Las autoridades de Pekín mandaron inmediatamente una delegación a Yun Men, pero como Xu Yun temía represalias rehusó cubrir ninguna querella formal. Tan pronto como hubo recuperado su fuerza hizo, sin embargo, un dificultoso viaje hasta Pekín y le pidió personalmente al gobierno que contuviera a esos escuadrones. Insistió en que ordenaran que todas las órdenes religiosas fuesen respetadas, que el clero dejara de ser molestado, y que al pueblo chino se le permitiera practicar libremente la religión. Las autoridades, temiendo tal vez el poder de su entonces reputación legendaria, cedieron; y durante un tiempo, al menos durante los años que le restaban de vida a Xu Yun, la política del gobierno se volvió más tolerante hacia la religión.
 
El gobierno no podía, sin embargo, tolerar más críticas de ninguna clase de fuentes exteriores, y por eso fueron cortadas todas las líneas de comunicación. En Hong Kong yo intenté desesperadamente obtener noticias acerca del destino de Xu Yun, pero fue imposible saber nada. Escribí numerosas cartas, pero ninguna recibió respuesta.
 
Sin embargo, como es costumbre, continué enviándole a Xu Yun copias de todos los ensayos y artículos que había escrito sobre Budismo. En días más felices, de acuerdo a la tradición, hubiera recibido sus comentarios. Pero en estos días tristes, ninguno de mis envíos recibiría el agradecimiento.
 
Entonces, en 1952 escribí una disertación sobre el Sutra del Corazón que fue particularmente bien recibida. El gobierno de Pekín decidió permitir su publicación. Inmediatamente escribí al editor en Pekín expresando mi gran deseo de conocer la respuesta de mi maestro sobre la disertación. Milagrosamente, uno de los empleados de la oficina del editor decidió llevar personalmente la carta y la disertación a Xu Yun, y esperar su respuesta. Xu Yun leyó ambas, y luego le dijo al empleado que aprobaba la disertación y que me enviaba su bendición. Sus palabras me fueron retransmitidas; y esta comunicación indirecta fue la última que tuve con mi querido maestro.
 
El 13 de octubre de 1959, a la edad de 101 años, el Maestro Xu Yun entró en el Nirvana final. Las noticias de su muerte me entristecieron más allá de lo que puede ser expresado. Públicamente, celebré servicios memoriales especiales y le escribí un epitafio; pero en privado, estaba abrumado por el dolor. Lloré durante días y no pude comer ni dormir. Sabía cuanto le debía. Sabía que en su sabiduría había prevenido la amenaza al Dharma de nuestro Budismo Chino, el Dharma de Hui Neng, Lin Ji y Han Shan. Él quería transplantar este Dharma a los Estados Unidos donde estaría seguro, y me dio el honor de hacerlo.
 
Incluso, la forma en que murió Xu Yun también me hizo apreciar aún más, el poder de su gran corazón. Entendí claramente que él era capaz de trascender la existencia física y posponer su entrada al Nirvana final hasta que estuviera listo para hacer este último viaje... hasta que hubiera cumplido totalmente su sagrada obligación de utilizar su influencia para proteger a todos los sacerdotes de China.
 
Otro sacerdote budista y yo, junto con muchos clérigos de muchas religiosas distintas, debemos nuestra vida a la devoción de Xu Yun por el Buda Amitaba, y a su inquebrantable convicción que esta Presencia Gloriosa vive en los corazones de todos los seres humanos.
 
¡Shanti. Shanti. Shanti. Amitofo! (Amitaba)
 
Enero de 1996
Maestro Jy Din Shakya
Abad del Templo Hsu Yun
Honolulú, Hawai
 
Capítulo 1 – Introducción
 
 
 
Queridos amigos, déjenme que les cuente una pequeña historia que un hombre sabio me contó. Él dijo: "Una vez me encontraba en un país desconocido para mí, caminando por una calle extraña. Miré alrededor intentando orientarme; y vi dos hombres que estaban de pie cerca de mí. Me acerqué a ellos, y les pregunté, '¿Dónde estoy?' '¿Quiénes sois?'
 
El primer hombre me respondió, 'Este es el mundo del Samsara, ¡y en este mundo da la casualidad de que soy el enano más alto!' Y el otro contestó, 'Sí, ¡y yo por casualidad soy el gigante más pequeño!'.
 
Este encuentro me dejó muy confundido, porque ambos hombres medían exactamente lo mismo."
 
He incluido esta pequeña historia, a modo de prólogo en mis notas, porque quiero enfatizar desde el comienzo lo importante que es considerar la percepción de las cosas.
 
Hui Neng, el Sexto y último Patriarca de nuestro Camino Chan, se encontró una vez con dos monjes que discutían sobre una bandera que ondeaba al viento.
 
El primer monje dijo, "Es la bandera la que se mueve." Y el otro, "¡No! Es el viento quien la mueve." El Sexto Patriarca les reprendió a los dos. "Bueno señores – les dijo-. Es su mente quien realiza todo el movimiento."
 
En el mundo del Samsara, el Hombre es la mezcla de todas las cosas. Todo es relativo. Todo cambia. Solo en el mundo real, el mundo del Nirvana, hay constancia.
 
En Chan nuestra tarea es discriminar - no entre lo falso y lo falso, sino entre lo falso y lo real. Las diferencias en la apariencia externa no tienen ninguna importancia. El mundo real está en nuestro interior. Para ser más exactos, dentro de nuestra mente.
 
Ahora estoy encantado con mi tarea de ayudarles a entrar en el mundo real, el mundo donde no hay enanos ni gigantes ni argumentos sin sentido. En el mundo real solo hay paz, alegría, verdad, y libertad del continuo deseo de ilusiones moletas.
 
Queridos amigos, cada ser humano posee dos naturalezas – del yo: una aparente y la otra real. La aparente es nuestro pequeño yo, o ego, que siempre es diferente de los demás pequeños 'yoes'; la real es nuestro Gran ‘Yo Búdico’ que es en todas partes el mismo. Nuestro pequeño yo existe en el mundo aparente, el mundo del Samsara. Nuestro Yo Búdico existe en el mundo real, el mundo del Nirvana.
 
Los dos mundos se encuentran en el mismo lugar. En el Sutra del Corazón leemos, "La forma no es diferente del vacío y el vacío no es diferente de la forma." Todo el mundo se pregunta, "¿Cómo Samsara y Nirvana pueden ser lo mismo? ¿Cómo puede ser la ilusión lo mismo que la realidad? ¿Cómo puedo ser yo y Buda a la vez?" Son buenas preguntas. Todo budista necesita conocer su respuesta.
 
La respuesta se encuentra en la forma en que percibimos la realidad. Si percibimos la realidad directamente, la vemos en su pureza Nirvánica. Si la percibimos indirectamente – a través de la conciencia de nuestro ego- vemos su distorsión samsárica. ¿Por qué nuestra visión de la realidad es defectuosa?
 
El Samsara es el mundo que nuestro pequeño ‘yo’ piensa que ve y percibe con los sentidos. A veces cometemos errores. Si un hombre está caminando por el bosque, se encuentra con un rollo de cuerda y piensa que la cuerda es una serpiente, huirá rápidamente. Para él esta cuerda era una serpiente y actuó de acuerdo a ello. Cuando llegue a casa probablemente le hablaría a todo el mundo sobre la peligrosa serpiente que casi le muerde en el bosque. Su miedo era legítimo. La razón por la que estaba asustado, no.
 
El pequeño yo egoísta también percibe erróneamente la realidad siempre que impone una estética arbitraria, o juicios morales sobre algo. Si una mujer ve a otra que viste un sombrero verde y dice, "Veo una mujer que lleva un sombrero verde", no hay problema. Pero si dice, "Veo una mujer que lleva un sombrero verde y feo ", está cometiendo un juicio samsárico. Alguien podría encontrar bello a ese sombrero. Pero en realidad, no es bello ni feo, simplemente es.
Asimismo, cuando una zorra mata a una coneja, esto, para los conejitos que se morirán de hambre porque han matado a su mamá, es un acto muy malo. Pero para los hambrientos cachorros de zorro que comen la coneja que su madre les ha traído, esta misma acción es indiscutiblemente buena. En realidad, la acción no es buena ni mala. Simplemente es.
La realidad también es malinterpretada ya que tanto el observador como lo que está siendo observado se encuentran en continuo cambio.
 
No hay un momento preciso en que un capullo se convierta en flor, o una flor en fruto, o un fruto en semilla, o una semilla en un árbol en ciernes. Todos estos cambios son sutiles y continuos.
 
No podemos pisar el mismo río dos veces porque el agua está continuamente en movimiento. Tampoco nosotros somos la misma persona de un minuto para otro. Constantemente adquirimos nueva información y nuevas experiencias, y simultáneamente olvidamos la vieja información y las viejas experiencias. Ayer podíamos recordar lo que cenamos la noche pasada. Mañana, no tendremos el privilegio de recordar ese menú, a no ser, quizás, que fuera un suntuoso banquete... o si siempre comemos lo mismo y podemos decir con seguridad, "Fue arroz y tofú."
 
La ilusión de la vida es la opuesta a la ilusión del cine. En el cine una serie de imágenes individuales son pasadas juntas para formar una ilusión de movimiento continuo. En la vida, cortamos un movimiento continuo, aislando y congelando una imagen, y entonces la nombramos y etiquetamos como si fuera una acción u objeto independiente. No siempre etiquetamos el momento en el acto. ¿Qué es una mujer joven? Si un hombre tiene noventa años, muchas mujeres serán mujeres jóvenes.
 
Bien, ahora podemos tener una idea más clara de porqué nuestro pequeño yo interpreta erróneamente la realidad, pero seguimos preguntándonos por qué tenemos dos 'yoes' en el primer lugar.
 
La respuesta es simplemente porque somos seres humanos.
 
El pequeño yo nos hace conscientes del sentido de identidad continua que nos permite saber a cada uno de nosotros, "Soy hoy lo que fui ayer y lo que seré mañana." Sin él, no podríamos organizar los datos sensoriales que nos asaltan. Sin él, no tendríamos sentido de pertenencia o de estar conectados a otros. No tendríamos padres o familia a la que llamar nuestra, ni esposa ni hijos, ni profesores ni amigos para guiarnos y alentarnos. Nuestro pequeño yo nos da nuestra naturaleza humana.
 
A medida que crecemos, descubrimos que el hilo de nuestra alma no es una larga hebra ensartada con cada acción por separada, como por ejemplo, las cuentas de un rosario. No. El hilo se entreteje en sí mismo para formar una red, una matriz interdependiente de nudos. No podemos deshacer un simple nudo sin afectar a los demás. No podemos sacar una simple línea de nuestra historia sin, quizás, alterar su curso entero. Esta red de información y experiencia, de acondicionamiento y asociación, de memoria y malentendidos, se convierte pronto en un laberinto complicado y desconcertante; y nos vemos confundidos sobre el lugar que ocupamos en el esquema de las cosas. Cuando somos jóvenes, nos vemos como el centro del universo, pero cuando nos hacemos mayores, ya no tenemos certeza de nuestra posición o de nuestra identidad. Pensamos, "No soy la persona que era cuando tenía diez años, pero tampoco soy alguien diferente." Pronto nos preguntamos, "¿Quién soy?" Nuestro yo egoísta nos ha conducido a esta confusión.
 
La confusión conduce a la calamidad, y entonces la vida, como el Buda apuntó en su Primera Noble Verdad, se hace amarga y dolorosa.
 
¿Qué hacemos para disipar esta confusión? Cambiamos nuestra consciencia. Rechazamos el mundo exterior de la complejidad en favor de nuestro mundo interior de la simplicidad. En vez de intentar ganar poder y gloria para nuestro pequeño yo ego egoísta, volvemos nuestra consciencia hacia el interior para descubrir la gloria de nuestro Yo Búdico. En vez de hacernos desdichados queriendo ser un maestro para los demás, encontramos alegría y contento en ser Uno con nuestro Yo Búdico y siendo útiles para los demás.
 
Queridos amigos, el propósito del entrenamiento Chan es aclarar nuestra visión para así poder adquirir una nueva percepción de nuestras identidades verdaderas. El Chan nos permite trascender nuestra naturaleza humana y realizar nuestra naturaleza búdica.
 
Hace siglos, nuestra Orden de Meditación Chan fue fundada por dos grandes hombres: el Primer Patriarca, Bodhidharma, que vino a China desde el Oeste; y Hui Neng, el Sexto Patriarca que era chino de nacimiento.
 
Debido a estos dos hombres, el Chan floreció, expandiéndose a través de China y de muchas tierras distantes. Ahora bien, ¿cuáles fueron las enseñanzas más importantes de Bodhidharma y Hui Neng? "¡Liberen a la mente del egoísmo! ¡Libérenla de los pensamientos sucios!"
 
Si no se siguen estas directrices, no puede haber éxito en la práctica del Chan. ¡El Camino Chan está ante ustedes! ¡Síganlo! Les proporcionará paz, alegría, verdad y libertad.
 
Capítulo 2 - Entrenamiento Chan
 
 
Mucha gente comienza el entrenamiento Chan con el pensamiento, "Bien, ya que todo es Maya o ilusión samsárica, no importa lo qué haga o cómo lo haga. La única cosa importante es alcanzar el Nirvana. Así que como las cosas no son ni buenas ni malas, haré lo que quiera." Importa lo que hacemos. El Chan es una rama de la religión budista y como budistas debemos observar unos preceptos éticos. Samsara o no Samsara, debemos respetar los Preceptos. Y en adición a esto, también debemos seguir unas normas estrictas de disciplina que gobiernan nuestro entrenamiento. Vamos a comenzar con las normas de entrenamiento:
 
A pesar de que hay muchos métodos que pueden seguirse, antes de comenzar cualquiera de ellos, un practicante debe cumplir estos cuatro requerimientos básicos:
 
El o ella debe:
 
1. Comprender la Ley de la Causalidad.
2. Aceptar las normas de disciplina.
3. Mantener una fe inquebrantable en la existencia del Yo Búdico.
4. Estar determinado a tener éxito en cualquier método que escoja.
 
Explicaré cada uno de estos cuatro prerrequisitos:
 
Primero, la Ley de la Causalidad explica simplemente que el mal produce mal y el bien produce bien. Un árbol venenoso da un fruto venenoso, mientras que un árbol sano da uno bueno.
 
Conceptualmente esto parece simple; pero en realidad es bastante complejo.
 
Los malos actos son una horrible inversión. Garantizan una ganancia en dolor, amargura, ansiedad y remordimiento. No hay ganancia para las acciones que nacen de la codicia, la lujuria, la cólera, el orgullo, la pereza o la envidia. Todas estas motivaciones sirven simplemente a las ambiciones del ego. Los actos o acciones malas nunca pueden desarrollar la realización espiritual. Solo garantizan penuria espiritual.
 
Por otra parte están los actos buenos, siempre que no sean realizados condicionalmente – como una inversión que dará una futura recompensa – traerán al que los haga paz y realización espiritual.
 
Un buen acto libre de ego es muy diferente de un buen acto artificial. En apariencia, el efecto puede parecer el mismo; es prestada la ayuda o atención necesarias. Pero la persona que ayuda a otra con la esperanza secreta de recibir algún beneficio futuro, por regla general hace el mal, no el bien. Permítanme que ilustre este punto:
 
Hubo una vez en China un príncipe al que le gustaban mucho los pájaros. Siempre que encontraba un pájaro herido, lo alimentaba y lo cuidaba hasta que recobraba la salud; y entonces, cuando el pájaro había recobrado su fuerza, lo dejaba en libertad con mucho regocijo.
 
Naturalmente, el príncipe se hizo bastante famoso debido a su capacidad de sanador amoroso de los pájaros heridos. Siempre que alguien se encontraba un pájaro herido, en cualquier lugar del reino, rápidamente se le llevaba, y él expresaba su gratitud a la persona considerada que se había ocupado de eso.
 
Pero entonces, para tratar de conseguir el favor del príncipe, la gente comenzó a atrapar pájaros y a lesionarlos deliberadamente para así poderlos llevar al palacio.
 
Fueron asesinados tantos pájaros en el curso de la captura y su posterior mutilación, que el reino se convirtió en un infierno para los pájaros.
 
Cuando el príncipe vio el daño que estaba causando su bondad, decretó que nunca más se ayudara a ningún pájaro herido.
 
Cuando la gente vio que ya no obtenía beneficio por ayudar a los pájaros, dejaron de dañarlos.
 
A veces sucede que nuestras experiencias son como las de este príncipe. A veces, cuando pensamos que estamos haciendo lo más adecuado, nos damos cuenta para nuestro disgusto que en realidad estamos causando el mayor perjuicio.
 
¡Realicen un buen acto en silencio y en el anonimato! Olviden el regocijo. Un buen acto debería tener una vida muy corta, y una vez muerto, debería ser rápidamente enterrado. No intenten resucitarlo. Demasiado a menudo intentamos convertir un buen acto en un fantasma que ronda a la gente, que recuerda constantemente nuestro maravilloso servicio - solo en caso de que comenzaran a olvidarlo.
 
¿Pero qué sucede cuando somos receptores de la bondad de otra persona? Bueno, entonces debemos permitir que el buen acto alcance la inmortalidad. Dejar vivir el buen acto de otra persona es mucho más difícil que permitir que nuestro buen acto muera. Permítanme también que ilustre esto.
 
Hubo una vez un tendero, un hombre bondadoso y decente que apreciaba a todos sus clientes. Cuidaba y quería que todos estuviesen sanos y bien alimentados. Mantenía sus precios tan bajos que no ganaba mucho dinero, ni tan siquiera para contratar a alguien que lo ayudara en su pequeña tienda. Trabajaba muy duro en su honesta pobreza, pero era feliz.
 
Un día vino una clienta y le contó una historia. Su marido se había lesionado y no podría trabajar en varios meses. No tenía dinero para comprar comida ni para él ni para sus niños. "Sin comida – lloró – todos morirán."
 
El tendero se compadeció de ella y acordó extenderle un crédito. "Cada semana te proporcionaré arroz para siete días y vegetales para cuatro, y esto con seguridad será suficiente para mantener la salud de tu familia; después, cuando tu marido vuelva a trabajar, podrás mantener el mismo menú mientras liquidas tu deuda. Y antes de que te des cuenta, ya estarás comiendo vegetales siete días a la semana."
 
La mujer se lo agradeció mucho. Cada semana recibía arroz para siete días y vegetales para cuatro.
 
Pero cuando su marido volvió a trabajar tuvo que decidir entre liquidar su vieja deuda, mientras continuaba comiendo vegetales cuatro días a la semana, o comprar a otro tendero y comer vegetales siete días a la semana. Escogió lo último y justificó su falta de pago diciendo a la gente que su anterior tendero le había vendido vegetales podridos.
¿Con cuánta frecuencia, cuando queremos algo con muchas ganas, prometemos que si se cumplen nuestros deseos dedicaremos nuestras vidas a demostrar nuestra gratitud? Pero entonces, una vez recibido lo que tan ardientemente buscábamos, nuestra promesa se debilita y muere casi automáticamente. La enterramos rápidamente, sin ceremonia. Este no es el camino Chan.
 
Y así, como un granjero que siembra fríjoles de soja no espera cosechar melones, no debemos esperar, cuando cometemos acciones egoístas, inmorales o perjudiciales, cosechar pureza espiritual. Ni podemos esperar escondernos de nuestras fechorías mudándonos del lugar en que las hemos cometido, o asumir que el tiempo borre su recuerdo. Nunca podemos suponer que si ignoramos nuestras fechorías durante el tiempo suficiente, la gente a quien hemos perjudicado morirá oportunamente, llevándose a la tumba nuestra necesidad de expiar el daño que hemos causado. Son nuestros buenos actos los que debemos enterrar... no nuestras víctimas o promesas rotas.
 
No podemos pensar que debido a la falta de testigos no tendremos que responder de nuestras fechorías. Muchas viejas historias budistas ilustran este principio. Déjenme que les cuente algunas de mis favoritas:
 
Durante la generación que precedió a la vida del Buda Shakyamuni en la tierra, muchos de los miembros de su clan, Shakya, fueron brutalmente masacrados por el malvado Rey Virudhaka, también llamado "Rey Cristal".
 
¿Qué hizo que sucediera esta terrible acción?
 
Bueno, también sucedió que cerca de Kapila, la ciudad de los Shakya donde nació el Buda, había un gran estanque, y en la orilla de este estanque una pequeña aldea. Nadie recuerda su nombre.
 
Un año hubo una gran sequía. Los cultivos se secaron y a los aldeanos no se les ocurrió nada mejor que matar y comer los peces que había en el estanque. Los atraparon a todos menos a uno. Este último pez fue atrapado por un niño que jugaba con la pobre criatura tirándola sobre su cabeza. Esto es lo que estaba haciendo cuando los aldeanos se lo quitaron y lo mataron.
 
Entonces volvieron las lluvias y la normalidad a todo el reino. La gente se casaba y tenía hijos. Uno de estos niños fue Siddharta, el Buda, que nació en la ciudad de Kapila, cerca de la aldea y del estanque.
 
Siddharta creció y predicó el Dharma, teniendo muchos seguidores. Entre los seguidores estaba el rey de Shravasti, el Rey Prasenajit. Este rey se casó con una chica del clan de los Shakya y tuvieron un hijo: el príncipe Vurudhaka – el anteriormente nombrado "Rey Cristal". La pareja real decidió criar al príncipe en Kapila, la ciudad del Buda.
 
Al principio todo iba bien. Virudhaka era un niño sano y poco tiempo después se hizo un chico guapo y fuerte. Pero antes de estar listo para entrar en la escuela ocurrió un hecho trascendental.
 
Ocurrió que un día, durante una ausencia del Buda de Kapila, el joven príncipe subió a la Honorable Silla del Buda y empezó a jugar allí. El no pretendía estropearla - solo era un juego de niños. Pero ¡Oh! - cuando los miembros del clan del Buda vieron al príncipe jugando en este lugar sagrado se enfadaron mucho, le reprendieron, y le hicieron bajar de la silla, humillándole y maltratándole.
 
¿Cómo puede un niño comprender la imbecilidad de los fanáticos? Los adultos no se lo pueden explicar.
 
Verdaderamente es bastante misterioso. Su cruel trato solo sirvió para envenenar al príncipe y hacer que odiara a todos los miembros del clan del Buda. Fue su trato cruel el que lo inició en su carrera de crueldad y venganza.
Finalmente, se dice que el príncipe mató a su propio padre para poder ascender al trono de Shravasti. Entonces, como Rey Virudhaka, el Rey Cristal, finalmente pudo tomar venganza contra el clan Shakya. Conduciendo a sus propios soldados, comenzó a atacar la ciudad de Kapila.
 
Cuando los miembros del clan del Buda fueron a contarle la inminente masacre, le encontraron con un terrible dolor de cabeza. Le suplicaron que interviniera y rescatara a la gente de Kapila del brutal ataque del Rey Cristal, pero el Buda, gimiendo de dolor, se negó a ayudar, diciendo, "Un karma establecido no puede ser cambiado".
 
Entonces los miembros del clan fueron a Maudgalayayana, uno de los más poderosos discípulos del Buda, y le suplicaron su ayuda. Les escuchó y se compadeció, y movido por la compasión decidió ayudar a los sitiados ciudadanos de Kapila.
 
Utilizando sus habilidades sobrenaturales, Maudgalyayana alargó su cuenco maravilloso a los amenazados Shakya y permitió a quinientos de ellos que subieran al mismo. Entonces levantó el cuenco en el aire, pensando que los alzaba a la seguridad. Pero cuando lo bajó, los quinientos hombres se habían convertido en un charco de sangre.
 
El terrible signo alarmó tanto a todos que el Buda decidió revelar la historia de sus antepasados, aquellos aldeanos que habían matado a todos los peces durante la sequía.
 
"Este ejército de soldados intrusos que ahora está atacando Kapila eran aquellos peces – explicó-. La gente de Kapila que ahora está siendo masacrada fue la gente que asesinó a aquellos peces. El mismo Rey Cristal, fue ese último gran pez. Y ¿quién pensáis -preguntó el Buda manteniendo un paño frío contra su frente- que era ese chico que tiraba el pez sobre su cabeza?"
 
Así que, por matar a los peces, la gente padeció la muerte. Y por herir esa cabeza de pez, el Buda estaba importunado con un tremendo dolor de cabeza.
 
Y ¿qué paso con Virudhaka, el Rey Cristal? Naturalmente, renació en el infierno.
 
Con este ejemplo podemos ver que no hay final a la causa y al efecto. Una causa produce un efecto que se convierte en sí mismo en la causa de otro efecto. Acción y reacción. Tributo y retribución. Esta es la Ley de la Causalidad. Más tarde o más temprano nuestros malos actos nos alcanzarán. La única forma de prevenir el efecto es prevenir la causa.
 
Debemos aprender a perdonar, a dejar pasar el daño y el insulto, a no buscar nunca venganza y ni siquiera albergar ningún rencor. Nunca nos debemos volver fanáticos santurrones y estar orgullosos de nuestras vanas nociones de piedad y deber, y sobre todo, debemos ser siempre benévolos, especialmente con los niños.
 
Déjenme que les cuente otra historia de causa y efecto. Esta concierne al Maestro Chan Bai Zhang quien en efecto pudo liberar un salvaje espíritu-zorro. ¡Muy pocas personas son capaces de hacer esto!
 
Parece ser que una noche, después de que una reunión Chan hubiera terminado y todos sus discípulos se hubieran retirado, el Maestro Bai Zhang se dio cuenta de que un anciano permanecía fuera de la Sala de Meditación.
Bai Zhang se acercó al hombre y le preguntó, "Dígame, señor, ¿a quién o qué está buscando?"
 
El anciano respondió, "No, no 'señor'. No soy en absoluto un ser humano. Soy un zorro salvaje que simplemente habita el cuerpo de un hombre."
 
Bai Zhang naturalmente se quedó sorprendido y curioso. "¿Cómo adquiriste esta condición?", preguntó.
 
El anciano hombre-zorro explicó, "Hace quinientos años, era el monje prior de este monasterio. Un día, un joven monje se acercó y me preguntó, '¿Cuando un hombre consigue la iluminación sigue sujeto a Ley de la Causalidad?' y atrevidamente le contesté, 'No, está exento de la Ley.' Mi castigo por esta falsa y arrogante respuesta fue que mi espíritu se cambió por el espíritu de un zorro salvaje, y por eso corrí a las montañas. Como hombre-zorro no puedo morir, y mientras persista mi ignorancia debo continuar viviendo en esta desdichada condición. Durante quinientos años he estado paseando por el bosque en busca del conocimiento liberador. Maestro, le suplico que se apiade de mí y me ilumine a la verdad."
 
El Maestro Bai Zhang le habló amablemente al hombre-zorro. "Hazme la pregunta que el joven monje te hizo, y obtendrás la respuesta correcta."
 
El hombre-zorro obedeció. "Maestro, deseo preguntarle esto: ¿Cuándo un hombre alcanza la iluminación está sujeto a la Ley de la Causalidad?"
 
Bai Zhang respondió, "Sí. Nunca está exento de la Ley. Nunca podrá cerrar sus ojos a las posibilidades de la causa y el efecto. Debe seguir atento a todas sus acciones pasadas y futuras."
 
De repente el anciano hombre-zorro obtuvo la iluminación y quedó libre. Se postró ante el maestro y le agradeció profusamente, "¡Al fin – dijo- estoy liberado!" Entonces, cuando se estaba marchando, se volvió y le preguntó a Bai Zhang, "Maestro, ya que soy un monje, ¿podría concederme amablemente los ritos funerarios usuales para un monje? Vivo cerca, en una guarida en la montaña que hay detrás del monasterio, ahora iré allí para morir."
 
Bai Zhang aceptó, y al día siguiente fue a la montaña y encontró la guarida. Pero en vez de encontrar allí un viejo monje, Bai Zhang solo vio un bulto en el barroso suelo de la guarida. Tanteó el bulto con su bastón y descubrió ¡un zorro muerto!
 
Bueno, ¡una promesa es una promesa! El Maestro Bai Zhang condujo los ritos funerarios acostumbrados para un monje sobre el cuerpo del zorro. Todo el mundo pensó que Bai Zhang estaba loco, especialmente cuando condujo una solemne procesión funeral... con un ¡zorro muerto en el féretro!
 
De ese modo pueden ver, queridos amigos, que incluso haber alcanzado la Budeidad no libra a uno de la Ley de la Causalidad. Si incluso el Buda pudo sufrir un dolor de cabeza por haber sido cruel con un pez, qué gran necesidad tenemos de seguir atentos al principio de que un acto nocivo, más tarde o más temprano, nos traerá una retribución nociva. ¡Sean cuidadosos en lo que dicen y hacen! ¡No se arriesguen a convertirse en el espíritu de un zorro!
 
Para el segundo requerimiento, la estricta observación de las normas de conducta, les diré sinceramente que no puede haber progreso espiritual sin moralidad y el cumplimiento del deber religioso.
 
La disciplina es el fundamento sobre el que descansa la iluminación. La disciplina regula nuestro comportamiento y lo hace estable. La constancia se hace firmeza y esta es la que produce la sabiduría.
 
El sutra Surangana nos enseña claramente que un simple éxito en meditación no borrará nuestras impurezas. Incluso si podemos demostrar una gran habilidad en meditación, permanecer sin adherirnos a la disciplina nos hará caer fácilmente en los dominios de Mara de demonios y herejes.
 
Un hombre o una mujer que es diligente en la observación de la disciplina moral y el deber religioso, es protegido y alentado por dragones celestes y ángeles, así como evitado y temido por los demonios del infierno y los herejes de todas partes.
 
Sucedió una vez que en el estado de Kashmir, un horrible dragón terrestre vivía en una cueva cercana a un monasterio de quinientos arhats theravadinos. Este dragón aterrorizaba a la región y hacía miserable la vida de mucha gente. Todos los días los arhats se reunían, y juntos intentaban utilizar el poder de su meditación colectiva para ahuyentar al dragón. Pero siempre fracasaban. El dragón simplemente no se marchaba.
 
Entonces, un día sucedió que un monje Chan mahayano se detuvo en el monasterio. Los arhats le informaron al monje sobre el terrible dragón y le pidieron que se uniera a la meditación, para añadir el poder de su meditación a la de ellos. "¡Debemos forzar a esta bestia para que se vaya!" se quejaron. El monje Chan simplemente les sonrió y fue directamente a la cueva del horrible dragón.
 
Quedándose en la entrada de la cueva, el monje llamó al dragón, "Sabio y virtuoso señor, ¿sería tan amable de abandonar su guarida y buscar refugio en un lugar más lejano?"
 
"Bueno – dijo el dragón – ya que me lo ha pedido tan cortésmente, accederé a su petición y me marcharé en el acto." El dragón, como pueden ver, tenía un fino sentido de la etiqueta. ¡Y de este modo se fue!
 
Desde su monasterio, los arhats observaban todo esto con absoluto asombro. ¡Sin lugar a dudas este monje poseía milagrosos poderes de samadhi!
 
Tan pronto como el monje regresó, los arhats se reunieron a su alrededor y le suplicaron que les hablara de esos maravillosos poderes.
 
"No he utilizado ninguna meditación o samadhi especial – dijo el monje – Simplemente mantuve las normas de disciplina y estas normas estipulan que debo observar los requerimientos menores de cortesía tan cuidadosamente como los requerimientos mayores de moralidad."
 
De este modo podemos ver que el poder de la meditación-samadhi colectiva de quinientos arhats a veces no iguala a la de un simple monje que se adhiere a las reglas de disciplina.
 
Si preguntan, "¿Por qué sería necesario mantener una estricta atención a la disciplina si la mente ha alcanzado un estado que no es crítico? ¿Por qué debería un hombre honesto y honrado continuar la práctica del Chan?"
 
Yo le respondería a tal hombre, "¿Está su mente tan segura de que si la hermosa diosa de la Luna bajara hasta usted, y le abrazara con su cuerpo desnudo, seguiría su corazón palpitando tranquilamente?"
 
Y ustedes... ¿Si alguien sin tener motivo les insultara y les golpeara, no sentirían cólera y resentimiento? ¿Tienen la certeza de que siempre resistirían a compararse con otros, o que siempre se abstendrían de ser críticos? ¿Pueden estar seguros de que siempre distinguirían lo correcto de lo erróneo?
 
Ahora, si tienen la certeza absoluta de que nunca se rendirían a la tentación, de que nunca se equivocarían en nada, entonces, ¡Abran su boca y hablen alto y claro! De otra manera, no digan mentiras.
 
En cuanto al tercer requerimiento de tener una firme creencia en nuestro Yo Búdico, por favor sepan que la fe es la madre, la fuente nutritiva de nuestra determinación a someterse, a entrenar y a desarrollar nuestros deberes religiosos.
 
Si buscamos la liberación de los dolores de este mundo, debemos tener una fe firme en la promesa del Buda de que cada ser viviente sobre la tierra posee la sabiduría Tathagata y, por lo tanto, tiene el potencial de alcanzar la Budeidad. ¿Qué nos impide realizar esta sabiduría y alcanzar esta Budeidad? La respuesta es simplemente que no tenemos fe en su promesa. Preferimos seguir en la ignorancia en vez de en la verdad, aceptar lo falso como genuino, y dedicar nuestras vidas a satisfacer nuestros tontos deseos.
 
La ignorancia de la verdad es una enfermedad. Ahora, como el Buda enseñó, el Dharma es como un hospital que tiene muchas puertas. Podemos abrir una de ellas y entrar en un lugar de curación. Pero debemos tener fe en nuestros médicos y en la eficacia del tratamiento.
 
Siempre que quiso ilustrar los problemas sobre la duda y falta de fe, el Buda relataba la parábola del médico. Preguntaba, "Suponte que te han herido con una flecha envenenada y un amigo trae un médico para ayudarte. ¿Le dirías a tu amigo, '¡No! ¡No! ¡No! ¡No voy a dejar que este compañero me toque hasta que encuentre al que me disparó! Quiero conocer el nombre, la dirección y demás datos del delincuente. Esto es importante, ¿no? Y quiero saber más sobre esta flecha. ¿Es la pica de piedra o de hierro, de hueso o de asta? ¿Y qué hay del palo de madera? ¿Es de roble, de olmo o de pino? ¿Qué clase de fibra ha utilizado para unir la pica y el palo? ¿Es la fibra de un buey, de un mono, o de un ciervo? ¿Y qué clase de plumas hay en la fibra? ¿Son de una garza o de un halcón? ¿Y qué hay del veneno que ha sido utilizado? Quiero saber de qué clase es. Y por cierto, ¿quién es este compañero? ¿Estás seguro de que es un doctor cualificado? Después de todo, no quiero que me trate un medicucho. Creo que tengo derecho a saber estas cosas, ¿tú no? Así que por favor, responde a mis preguntas o no dejaré que el hombre me toque.' Bueno - dijo el Buda - antes de que para tu satisfacción sean contestadas las preguntas, estarías muerto."
 
Así que, queridos amigos, cuando se encuentren sufriendo los males del mundo, confíen en El Gran Médico. Ha curado a millones. ¿Qué creyente ha fallecido nunca a su cuidado? ¿Qué creyente no ha recuperado la vida eterna y la felicidad siguiendo su régimen? Ninguno. Todos se han beneficiado. Y así lo harán ustedes si tienen fe en sus métodos.
 
La fe es un tipo de destreza que pueden desarrollar. Si, por ejemplo, desean hacer tofú, comienzan hirviendo y moliendo los fríjoles de soja y después le añaden una solución de polvo de yeso o zumo de limón a los fríjoles hervidos. Saben que pueden quedarse ahí, si lo desean, y ver formarse el tofú. Tienen fe en su método porque siempre funciona.
 
De esta manera obtienen un sentimiento de seguridad. Por supuesto, la primera vez que han hecho tofú, asumiendo que no estaban familiarizados con su producción, podían haber tenido falta de fe en el método. Podrían haber dudado que el yeso o el agua del limón hiciera que los fríjoles hervidos se transformaran en tofú. Pero una vez que han tenido éxito y ven con sus propios ojos que la receta era correcta, y que el procedimiento funciona, aceptan sin reversa el método prescrito. Se estableció su fe en el método.
 
Por lo tanto, todos debemos tener fe en que poseemos la Naturaleza búdica y que podemos encontrar esta Naturaleza búdica si seguimos diligentemente un camino adecuado del Dharma.
 
Si dudásemos, recuerden las palabras del Maestro Yong Jia recogidas en su Canción de la Iluminación:
 
"En el Mundo Real del Tathagata no existen egos, ni reglas, ni infiernos. No se puede encontrar allí ningún mal samsárico. Si miento, podéis sacarme la lengua fuera, y llenar mi boca de arena, y dejarla así por toda la eternidad."
Nadie sacó la lengua del Maestro Yong Jia.
 
En cuanto al cuarto prerrequisito, estar anclados en nuestra determinación por tener éxito en cualquier camino que escojamos, déjenme por favor que les advierta de lo estúpido de ir saltando de un camino a otro. Piensen en el Dharma como en una montaña que hay que escalar. Hay muchos caminos que conducen a la cumbre. ¡Escojan uno y sigan en él! ¡Les conducirá allí! Pero nunca llegarán a la cima si corren alrededor de la montaña probando un camino y luego rechazándolo en favor de otro que parece más fácil. Rodearán la montaña muchas veces, pero nunca la subirán. Permanezcan en el método que han escogido. Tengan una fe absoluta en él.
 
En Chan siempre contamos historias sobre diablos comprados. Una en particular es muy adecuada aquí:
Un día un hombre estaba paseando por el mercado cuando se acercó a un puesto que decía, "Se vende: Demonios de Primera Clase." Por supuesto, el hombre estaba intrigado. ¿Lo estarían ustedes? Yo sí. "Déjeme ver uno de esos demonios -le dijo al comerciante-".
 
El demonio era una pequeña y extraña criatura... bastante parecida a un mono. "Es bastante inteligente -dijo el comerciante-. Y todo lo que tiene que hacer es decirle cada mañana lo que quiere que haga ese día, y lo hará." "¿Cualquier cosa?" preguntó el hombre. "Sí -dijo el comerciante-, cualquier cosa. Todos sus quehaceres domésticos estarán terminados cuando llegue a casa después del trabajo." El hombre se encontraba soltero así que el demonio le pareció una muy buena inversión. "Me lo quedo" dijo. Y pagó al comerciante.
 
"Una pequeña cosa -dijo el comerciante (siempre hay una pequeña cosa, ¿no?)- debe ser fiel en decirle lo que debe hacer cada día. ¡Nunca se olvide! Dele las instrucciones cada mañana y todo irá bien. ¡Recuerde mantener esta rutina!"
El hombre aceptó y llevó su diablo a casa. Cada mañana le decía que fregara los platos, que hiciera la colada, que limpiara la casa y que preparara la cena; y cuando volvía a casa, todo estaba hecho de la manera más maravillosa.
 
Pero entonces llegó el cumpleaños del hombre y sus compañeros de trabajo decidieron darle una fiesta. Bebió mucho y se quedo a pasar la noche en la ciudad, en casa de un amigo, y a la mañana siguiente fue directamente al trabajo. No volvió a casa para decirle a su diablo lo que tenía que hacer. Y cuando regresó aquella noche descubrió que el diablo había quemado la casa y estaba bailando sobre las ruinas humeantes.
 
¿Y no es esto lo que sucede siempre? Cuando comenzamos un entrenamiento juramos con nuestra sangre que nos mantendremos fieles a él. Pero después de dejarlo y descuidarlo por primera vez, le conducimos al fracaso. Es como si nunca lo hubiéramos hecho.
 
Así que, sin importar que hayan escogido el camino del Mantra, o del Yantra, o de la Cuenta de la Respiración, o de un Hua T’ou, o de repetir el nombre del Buda, ¡sigan con su método! Si no funciona hoy, prueben mañana. Díganse a ustedes mismos que están tan decididos que si necesitan continuar su práctica durante la próxima vida, lo harán a fin de tener éxito. El viejo Maestro Wei Shan solía decir, "Permaneced en la práctica que hayáis escogido. Tal vez varias reencarnaciones os hagan falta para alcanzar la Budeidad."
 
Sé que es fácil desalentarnos cuando pensamos que no estamos haciendo progresos. Lo intentamos una y otra vez pero cuando no viene la iluminación queremos abandonar la lucha. La perseverancia es en sí misma un logro.
Sean constantes y pacientes. No están solos en su lucha. De acuerdo a un viejo proverbio, "Nos entrenamos durante aburridos eones, para alcanzar la iluminación que ocurre en un instante."
 
Capítulo 3 - Alcanzando la Iluminación

(Conteniendo los Preceptos)

El Chan tuvo dos famosos maestros llamados Ha Shan: un ermitaño del siglo 9 cuyo nombre significa Montaña Fría y un profesor del siglo 16 cuyo nombre significa Montaña Tonta. Montaña Fría es el más grande poeta de Budismo Chan. Montaña Tonta también fue muy bueno. Es probablemente el segundo mejor poeta Chan. Montaña Fría apelaba a la naturaleza para que le condujera a la paz y al entendimiento. Encontrando belleza en el mundo natural encontraba belleza en sí mismo. Así es como actúan los ermitaños. Miran; reflexionan; convierten el aislamiento en soledad. Montaña Tonta se trascendía a sí mismo trabajando para los demás. Se esforzaba en ayudar a la gente corriente a alcanzar la iluminación. Eso es un poco más duro que sobrevivir congelado y hambriento.

Ha Shan, Montaña Fría, dijo:

¡Arriba en la cima de la montaña / Infinidad en todas direcciones! La luna solitaria mira hacia abajo / Desde su desván de medianoche / Admira su reflejo en el estanque helado. Tiritando, le doy una serenata.

No hay Chan en el verso. Abunda en la melodía.

Ha Shan, Montaña Tonta, intentó poner en palabras que todo el mundo entendiera lo que no puede ser dicho:

Poned un pez sobre la tierra y recordará el océano hasta su muerte. Poned un pájaro en una jaula, y no olvidará el cielo. Cada uno siente nostalgia de su verdadero hogar, el lugar en que su naturaleza ha decretado que deberían estar.

El hombre nace en el estado de inocencia. Su naturaleza original es amor, gracia y pureza. A pesar de todo emigra sin darle importancia, sin siquiera un pensamiento de su antiguo hogar.

¿No es esto más triste que los peces y los pájaros?

A todos nos gustaría reflejar la Luna de la Iluminación. A todos nos gustaría llegar al hogar de la Inocencia. ¿Qué hacemos para conseguirlo? Seguimos el Dharma.

El Buda vio lo ignorante de la vida no iluminada como una condición enferma. Sus Cuatro Nobles Verdades tienen una connotación médica:

Uno, la vida en el Samsara es amarga y dolorosa. Dos, el deseo es la causa de la amargura y del dolor. Tres, hay una cura para esta enfermedad. Cuatro, la cura es seguir el Óctuplo Camino.

Primero, necesitamos reconocer que estamos enfermos. Segundo, necesitamos un diagnóstico. Tercero, necesitamos tener confianza en que lo que marcha mal responderá al tratamiento. Cuarto, necesitamos un régimen terapéutico.

El Samsara es el mundo visto a través del ego. Es un mundo accidentado y enfermo debido al incesante deseo del ego.

Intentar satisfacer las demandas del ego es como intentar nombrar el número más alto. No importa lo grande que sea el número en que pensemos, siempre podremos sumarle uno y obtener un número más grande todavía. No hay forma de llegar al último. Queridos amigos, ¿no es verdad que sin importar el dinero que una persona tenga, siempre piensa que necesita un poco más, que sin importar lo cómoda que sea la casa de una persona, siempre quiere un lugar que sea un poco más palaciego, que sin importar cuántos admiradores tenga, necesita siempre escuchar unos pocos aplausos más? Los esfuerzos constantes dan lugar a una lucha constante.

Y bien, ¿qué tenemos que hacer? Primero debemos comprender que los problemas que el ego crea no pueden solucionarse en el mundo de ilusiones siempre cambiantes del Samsara. ¿Por qué? Porque el ego es en sí mismo cambiante, un ser ficticio que actúa y reacciona en respuesta a las fluctuantes condiciones de la vida - condiciones que nunca pueden ser lo bastante comprendidas.

Es como intentar jugar al fútbol cuando la longitud del campo está en constante cambio; y en vez de un balón en juego, hay veinte; y los jugadores están o bien hablando y dejando de lado el juego o bien durmiendo sobre el césped. Nadie está realmente seguro del juego que se está jugando y todos juegan con reglas diferentes. Entonces, nadie que esperase ser tanto jugador como árbitro podría encontrar placer en semejante juego. Encontraría su vida sobre el campo como un ejercicio sin fin de miedo, confusión, frustración y agotamiento. El Óctuplo Camino guía, delimita, y establece unas normas que son claras. Todo el mundo puede seguirlas.

El primer paso es Correcto Entendimiento.

El Entendimiento requiere tanto el estudio como la consulta con un Maestro. La información que se obtiene solamente a través de la lectura nunca es suficiente. ¿Es el libro preciso? Si lo es, ¿realmente comprendemos lo que leemos? No nos podemos evaluar a nosotros mismos. Piensen en lo que sucedería si los estudiantes idearan sus propios exámenes y también les pusieran la nota. ¡Todo el mundo tendría un sobresaliente! ¿Pero cuántos conocerían realmente la materia?

Muchos estudiantes de Chan leen un libro y entonces, pensando en poner a prueba su comprensión, abordan a sus amigos con argumentos pretenciosos o les agasajan con declaraciones arrogantes. Los profesores dicen de estas discusiones, "En el país de los ciegos el tuerto es el rey."

Un buen profesor es indispensable. Un buen profesor se ocupa de nosotros y determina si comprendemos lo que hemos estudiado.

Si no estamos seguros de un pasaje del libro, no podemos preguntarle al libro. Si no estamos de acuerdo con ciertas opiniones de un profesor, no podemos pasar por alto su enseñanza de la forma en que podemos pasar por alto los párrafos fastidiosos. A menudo es necesario consultar con un buen profesor. No hay substituto para los regulares encuentros cara a cara.

Había una vez un marinero que, estando de permiso, se encontró con la chica de sus sueños. Cayó locamente enamorado de ella. Desdichadamente tenía que regresar a su barco para finalizar los dos años del alistamiento. Así que pensó, "No dejaré que me olvide. Le escribiré todos los días. Aunque mi escritura no sirva para otra cosa, me querrá por mi fidelidad."

Todos los días, dondequiera que estuviese, le escribía; y cuando regresó dos años después, se enteró que aproximadamente a las doscientas cartas, ¡se casó con el cartero! Queridos amigos, no sean como este pobre marinero que confiaba en las palabras escritas para lograr un entendimiento. Encuentren un maestro que se reúna regularmente con ustedes. Ábranle su corazón. Cuanto mejor les conozca, mejor podrá asesorarles e instruirles. El segundo paso es Correcto Pensamiento.

El Correcto Pensamiento requiere que se den cuenta de sus motivaciones. Debemos preguntarnos siempre por qué queremos tener algo o por qué queremos hacer algo, y debemos ser implacables en nuestra pesquisa. Si un amigo quiere comprar algo que no se puede permitir, o hacer algo que sería malo para él, deberíamos darle un buen consejo, advirtiéndole, ayudándole a ver las posibles consecuencias de sus estúpidos deseos. ¿No podemos ser este tipo de amigo con nosotros mismos? ¿No podemos aplicar el sentido común a nuestros propios deseos?

Una investigación cuidadosa iluminará nuestra situación: Al Señor de la Guerra T'ien Chi y al Rey de Ch'i les divertían las carreras de caballos. Regularmente se reunían para ir a montar sus caballos y hacer carreras. Ahora bien, cada uno tenía tres clases de caballos. La tercera clase era el caballo de tiro. Estos son los caballos que tiraban de los carros. Son grandes y fuertes, pero muy lentos.

La segunda clase era el caballo de caballería, estos son los caballos que montan los lanceros, los arqueros y los espadachines. Estos caballos son fuertes y razonablemente rápidos; pero son viejos porque necesitan años de entrenamiento.

La primera clase era el joven pura sangre que montaban los nobles y los altos oficiales. Este tipo de caballo era ligero y muy rápido.

Siempre que el Rey y el Señor de la guerra mantenían una carrera, primero corrían con sus caballos de tercera clase, después con los de segunda, y por último con sus caballos de pura sangre de primera clase.

Ahora bien, el rey que era rico tenía caballos mucho mejores que los del señor de la guerra. Así que naturalmente ganaba todas las carreras.

En su frustración, el señor de la guerra T'ien Chi apeló a Sung Ping, un sabio descendiente de Sun Tzu - Sun Tzu escribió el famoso libro "Arte de la guerra". T'ien Chi le preguntó a Sung Ping, "Aconséjeme por favor. ¿Cómo puedo ganarle al rey?"

El sabio pensó durante un momento. Y entonces dijo, "Señor, le sugiero que cuando el rey saque a competir sus caballos de tercera clase, saque usted los de segunda clase a correr contra ellos. Cuando el rey saque sus caballos de segunda clase, saque usted sus caballos de primera clase; y cuando el rey saque sus caballos de primera clase, saque usted los de tercera clase. Ganará dos de las tres carreras."

La respuesta fue simple, pero ¿por qué no pudo el señor de la guerra figurársela por el mismo? Porque su ego le tenía demasiado involucrado emocionalmente en la carrera. No se distanciaba de la situación y no la miraba objetivamente. No aplicaba el Correcto Pensamiento.

El tercer paso es Correcto Habla.

¿Con cuánta frecuencia ponemos las palabras al servicio del ego? Para sacar algún provecho contamos chismes, o exageramos, o nos olvidamos de contar la historia completa, o insinuamos la posible culpabilidad de otros mientras afirmamos nuestra propia inocencia incuestionable. A veces, solo para ser el centro de atención, muchos de nosotros contamos sórdidas historias o chistes verdes.

Pensamos que las palabras no son acciones, que tienen poco poder y una vida corta, que de algún modo las palabras se evaporan con el aliento de quien las pronuncia. Pero las palabras tienen poder y pueden vivir para siempre; y, además, pueden curar tanto como herir.

Solo el Hablar Correcto nos desalienta de proferir mentiras, insultos, acusaciones, o de fanfarronear sobre nuestros propios logros, y también nos alienta a decir palabras de consuelo, o proferir palabras de perdón, expresar agradecimiento y reconocimiento para los logros de los demás.

Nunca infravaloren el poder de las palabras. Déjenme que les cuente una vieja historia que ilustra su poder:

Era un precioso día de primavera y mucha gente había venido al parque para ver las plantas, la hierba verde, los árboles en flor. Entre la gente que vino había dos mendigos ciegos.

El primer mendigo tenía un cartel que decía, "Soy ciego." La mayoría de la gente pasaba por delante de él y seguía admirando la vista.

El segundo mendigo lo hizo mucho mejor. Casi todos los que pasaban delante de él echaban una moneda en su taza. Algunos, que habían pasado por delante de él sin echarle nada, actualmente regresaron para darle una moneda.

Su cartel decía, "Es mayo, ¡y yo estoy ciego!"

Queridos amigos, cuando estemos decidiendo entre hablar o no hablar, ¡piensen en el ciego que vio la diferencia que puede provocar una frase!

El cuarto paso es Correcta Acción.

La Correcta Acción contiene los Preceptos:

1. El voto budista de no ser violento. Esto no significa que no puedan defender su vida o la de aquellas personas que estén a su cuidado, sino que no pueden comenzar acciones hostiles contra otros.

¿Y qué diríamos si es en contra de nosotros mismos? Nosotros también somos una persona contra la que no se puede cometer acciones hostiles.

La paz no es simplemente la ausencia de la guerra. La ansiedad no es un estado agresivo, pero tampoco es pacífico. Alguien que está en coma no está en guerra, pero tampoco en paz. La paz es un estado que es alcanzado y sostenido deliberadamente.

No es suficiente con limitarse a no ser violentos; debemos actuar para fomentar la armonía, el bienestar, y la buena salud.

Fumar, por ejemplo, es perjudicial no solo para la salud del fumador sino para la salud de todos los que le rodean. En ambos casos, por tanto, el fumar está prohibido por el precepto contra la violencia.

Cuando sea posible, un budista debería abstenerse de comer carne. Digo 'cuando sea posible' porque esta norma no es absoluta. Mucha gente, por ejemplo, vive en las regiones árticas donde no tienen elección y deben comer pescado y otras criaturas marinas. No pueden cultivar jardines en la tundra; y no podemos negar el Dharma a los seres humanos porque su entorno no sea adecuado a las dietas vegetarianas. Pero donde los vegetales son abundantes, no hay razón para comer carne.

En el lado positivo, una dieta vegetariana estimula una buena salud y también por esta razón debe ser seguida.

El ejercicio, particularmente el Tai Ji Quan ó Qi Gong, libera agresividad e ira y también tiene efectos saludables sobre el cuerpo. El Yoga también es muy beneficioso.

2. El voto budista de ser veraz, no solo en la vida social, sino también en la vida de negocios. Todas las formas de fraude y embustes están incluidas en este Precepto. Siempre que sacrificamos la verdad para conseguir algún supuesto beneficio, entramos en un mundo serpentino y complicado:

Había en Tokio dos comerciantes que, tras años de una competitividad llena de engaños y trampas, desconfiaban por completo el uno del otro.

Un día se encontraron en una estación de tren. El primer comerciante preguntó, "¿Adónde vas?" El segundo comerciante pensó durante un momento y respondió, "A Kobe."

El primer comerciante gritó, "¡Mientes! Me has dicho que vas a Kobe porque querías que pensara que ibas a Osaka; pero he hecho averiguaciones y ¡sé que vas a Kobe!" Queridos amigos, este es el final del más pequeño engaño. Nuestra reputación es como la etiqueta de un paquete. Una vez que se nos conoce como mentirosos y tramposos, enviamos nuestras intenciones, sin importar lo inocentes que sean, al lugar de la duda y la desconfianza.

3. El voto budista de no apropiarse de la propiedad ajena. Este es el Precepto contra el robo. Hay quienes piensan que este Precepto implica solo a rateros y carteristas. Puesto que ellos no "rompen las puertas para entrar" o arrancan la cartera de un tirón, piensan que no necesitan preocuparse de este Precepto. Y por esta razón, no les remuerde la conciencia por actos de hurtos insignificantes u otras estafas de la propiedad.

¿Pero qué es una deuda que no se paga? ¿No es esto robar? ¿Qué es tomar prestado algo y no devolverlo? ¿Tampoco esto es robar? ¿Qué es utilizar la propiedad de otras personas y dañarla sin recompensar por el daño? ¿No es esto robar?

A veces actuamos como si tuviéramos derecho de apropiarnos de las pertenencias de una persona porque otra persona se ha apropiado de las nuestras. La Regla de Oro dice que debemos hacer a los demás lo que nos gustaría que nos hicieran a nosotros. No dice que podemos hacerle a los demás, lo que ellos nos han hecho.

Porque disculpamos y disimulamos nuestros propios hurtos, es por lo que no sentimos la necesidad de arrepentirnos de ellos.

Según un viejo proverbio, "El ladrón se arrepiente de ser capturado, no de ser ladrón." Si antes de cometer ningún acto examinamos su moralidad y sus posibles resultados, nunca necesitaremos preocuparnos por la horca.

4. El voto budista de ser sexualmente moral, modesto y responsable. En este Precepto podemos ver lo fácil que es romper todas los demás. Por causa de la lujuria, el hombre robará. Por causa de la lujuria, emborrachará a la mujer que ama y la engañará con falsas promesas. Y cuando él abusa del cuerpo de ella en cualquier forma, ¿no la está dañando?

Y así como condenemos la inmoralidad, estaremos elogiando la moralidad. Mucho honor comporta la persona virtuosa, la persona que es casta en su vida de soltero o fiel a su sagrado voto de matrimonio.

Es por el incumplimiento de la observancia del Precepto de la moralidad por lo que encontramos las mayores hipocresías. ¿Con cuánta frecuencia nos encontramos con un hombre que protege ferozmente a su propia hija, mientras es muy dado a seducir a las hijas de los demás? ¿O aquel que vigila estrictamente a su esposa, mientras seduce a la mujer de otro hombre? Si él asesinara a un hombre que ultraja a su propia mujer e hijas, esperaría que el Tribunal lo viera como una victima y lo absolviera de culpa. Con todo, a pesar de ser el quien corrompió y sedujo, se considera un héroe. ¿No es esta una triste y terrible verdad?

No es fácil para un hombre sobreponerse a la lujuria. Las tentaciones se encuentran en todas partes y en infinidad de variedades. Con todo, si un hombre desviara alguna de las energías que derrocha en sus conquistas sexuales hacia la conquista de su propia lujuria, haría verdaderos progresos espirituales.

Todos los hombres honorables convienen en la intensidad de la lucha. Incluso el Buda dijo, "Si me hubiera encontrado con otro obstáculo tan difícil de superar como el de mi sexualidad, nunca lo hubiera conseguido." El buen humor del Buda y su franqueza auto despreciativa deben darnos aliento.

5. El voto budista de abstenerse de consumir alcohol u otros intoxicantes. Hay quienes dicen, "Un trago de vez en cuando no hace daño a nadie." Pero un bebedor ocasional sigue siendo un bebedor. Es bastante parecido al hecho de estar "un poco embarazada." O hay embarazo o no lo hay.

La descripción "ocasional" es una puerta abierta por la cual un ladrón puede entrar. La puerta de la sobriedad está cerrada o no lo está. La experiencia nos dice que el mejor camino para solventar el problema es evitarlo. La abstención completa es el mejor camino de observar y guardar este Precepto.

El bebedor ocasional puede mantenerse sobrio cuando no le asaltan los problemas; pero tan pronto como se ve sometido a un serio estrés, puede sucumbir fácilmente al callejón sin salida del alcohol. Una vez que uno es atrapado por la bebida, descubre que una copa es demasiado y cien no son suficientes.

El alcohol mitiga nuestras inhibiciones y de este modo podemos satisfacer nuestros egos. Nos permite dejar a un lado las normas del decoro y la decencia, y después echarle la culpa de nuestra falta de conducta a la bebida - pero deberíamos echarnos la culpa a nosotros mismos por haber bebido. Nos decimos, por supuesto, que tomamos esa copa para divertirnos; pero cuando bebemos y se embotan nuestros sentidos, ¿cómo podemos sentir placer? Incluso aunque pudiéramos, ¿qué valor hay en experimentar un placer que no podemos recordar o saborear más tarde?

A menudo encontramos que un hombre intoxicado que comete una acción inmoral se observará más tarde, cuando esté sobrio, con disgusto; pero entonces este mismo hombre usará ese auto-disgusto como una excusa para volver a beber.

Déjenle en cambio que tome conciencia de su verdadera naturaleza, su Glorioso Yo Búdico. Déjenle que aprenda, en lugar de eso, que en sí mismo encontrará la verdad, la paz, la diversión y la libertad. Asegúrenle que si fuera posible cultivar estas cosas en una parra y ponerlas después en una botella, seríamos todos vinateros y borrachines.

Queridos amigos, hay un dicho que dice, "In Vino Veritas" que significa "En el vino hay verdad" siempre que bebamos lo suficiente. Pero la única verdad que siempre encontramos cuando somos demasiado indulgentes con el vino, es que la vida en el Samsara es amarga y dolorosa.

El quinto paso es Correcto Modo de Vida.

Obviamente, si no podemos participar en actividades ilegales para divertirnos, desde luego no podemos participar en ellas para obtener beneficio.

En la India, por ejemplo, tradicionalmente ha existido siempre un sistema de castas. Hay una clase sacerdotal, una clase guerrera, una clase comerciante, y una clase de trabajadores, y, muy por debajo, una casta de intocables o marginados de la sociedad. Una persona se queda en la casta que nace (no tiene derecho a la promoción). No puede ir de trabajo en trabajo avanzando. Sin importar el talento y de lo inteligente que sea, si ha nacido en una familia de granjeros, este es el único trabajo que se le permite hacer. Incluso no se le permite alternar con gente de otra casta. Hoy en día el sistema no es tan rígido, pero en el tiempo del Buda las reglas eran inviolables.

A pesar de esto, el Buda rechazó participar en un sistema tan injusto. El no seguía para nada las reglas. A la gente le gustaba eso de él. Fue un príncipe, pero no discriminaba a los que habían nacido en una casta más baja. Y en efecto, la mayoría de personas con quien se encontró habían nacido en una escala social mucho más baja que él. Cuando eres un príncipe no tienes demasiados superiores en la escala social.

Así que al Buda no le influyó en absoluto la ocupación o posición social de las personas. El Buda, como pueden ver, poseía el "Ojo del Discernimiento". Ninguna trampa piadosa pudo engañarle. Solo tenía que mirar a una persona para ver cómo era de santa. No mucha gente tiene este talento.

Ocurrió que cerca de Shravasti había un marginado llamado Sunita, un hombre tan bajo en la escala social, que no se le permitía trabajar para ganarse la vida. Era un intocable, y nadie se atrevía a romper las reglas de casta para contratarlo. Así que Sunita se ganaba el dinero para comer recogiendo flores en el basurero. Iba cada día al basurero del pueblo y hurgaba entre los ramos de flores secas, buscando una flor ocasional que inexplicablemente lograba seguir fresca mientras todas las demás estaban marchitas. Sunita disponía todas las flores frescas que encontraba en un ramo y lo vendía a la gente que pasaba por el camino.

Había mucha otra gente en Shravasti que era tan pobre como Sunita, pero realmente no había nadie que lo fuera más. Incluso a pesar de su pobreza, Sunita alcanzó la iluminación. Era un hombre amable y cariñoso. No hace falta decir que había escuchado predicar al Buda y fue un creyente devoto.

Un día, en una procesión, el Buda pasó por el camino cercano al basurero donde Sunita estaba buscando entre la basura.

Tan pronto como Sunita vio acercarse a la procesión, se agazapó rápidamente detrás de una piedra. Pero el Buda ya había visto a Sunita, y con su Ojo del Discernimiento lo reconoció como un ser iluminado.

"¡Hola! - le dijo al hombre agazapado - Por favor, levántate y déjame que te vea." Avergonzado, Sunita se puso en pie lentamente, haciendo una reverencia con la cabeza y sus manos juntas en señal de oración ante su cara.

"¿Por qué te has agazapado detrás de la roca? - preguntó el Buda." "Bendito - dijo Sunita - no quería que mi vista ofendiera a sus ojos. Soy indigno de su mirada."

Muchas de las personas que acompañaban al Buda estuvieron de acuerdo. Tiraron de su manga, intentado que se alejara del marginado. "Está sucio - dijeron - ¡Solo es un recogedor de basuras, un intocable!"

"¿Lo es? - dijo el Buda mientras avanzaba a través de un poco de basura para poner el brazo alrededor del hombro de Sunita - ¡Mirad! Lo he tocado, y sigue vivo."

Entonces el Buda le preguntó a Sunita, "Buen Señor, si no tiene demasiado cariño a esta labor, ¿le puedo persuadir de que venga conmigo para ayudarme en mi ministerio? Puedo utilizar un buen trabajador como usted."

Con lágrimas corriendo por su cara, Sunita aceptó. Y se dice que durante el resto de su vida, de acuerdo con los deseos del Buda, Sunita siempre permaneció muy pegado a él, donde el Buda pudiera alargar la mano y tocarlo.

El sexto paso es Correcto Esfuerzo.

Sabemos que la destreza viene con la práctica, pero para practicar las lecciones espirituales que hemos aprendido, no necesitamos encontrar oportunidades. En Chan debemos darnos cuenta de que cada respiración que hacemos nos proporciona una oportunidad para practicar.

La gente piensa que el mundo le molesta. No comprenden que son los porteros de sus propias mentes, que pueden fácilmente cerrar y bloquear las puertas de sus mentes. Si la gente les molesta, es porque el portero ha dejado la puerta abierta.

Hay gente que no pudiendo controlar su propia mente se esfuerza sin embargo en controlar la mente de los demás. Encuentran menos desalentador intentar dirigir los pensamientos de cientos de personas que dirigir los suyos propios. Esta situación es la que el Buda tenía en mente cuando dijo que el hombre que conquista a diez mil hombres en batalla, no es un héroe tan grande como aquel que se conquista a sí mismo.

Todos los días, en todas nuestras acciones, debemos actuar para avanzar en nuestra meta de iluminación y conocimiento personal. Si tenemos conocidos cuya compañía nos puede conducir fácilmente al error, deberíamos evitar relacionarnos con estos conocidos. Si no tenemos suficiente tiempo para meditar porque estamos muy ocupados en clubes, entretenimientos y deportes, deberíamos suprimir estas actividades.

Hace falta esfuerzo consciente para obtener la tranquilidad Chan. La calma espiritual se logra mediante la práctica. Un hombre muy sabio apuntó una vez que la mente del verdadero Hombre del Chan no puede ser apenada o intimidada porque, ya sea en los buenos o en los malos tiempos, simplemente continua en su propia paz constante, como un reloj haciendo tictac en una tormenta. Me gusta eso. Todos deberíamos intentar ser como relojes que incluso en una tormenta siguen haciendo tictac.

El séptimo paso es Correcta Atención.

Además de mantener nuestras mentes enfocadas en nuestro mantra, siempre que nos hallamos comprometido a seguir este método, y observar los pensamientos disciplinados necesarios para discriminar lo real de lo falso si hubiéramos escogido este método, también debemos seguir siendo conscientes de las causas y de los efectos de todas nuestras acciones. Queridos amigos, no debemos permitir nunca que pase un día sin cuestionar nuestra conducta. ¿Hemos hecho todo lo que hemos podido para ser amables y serviciales con los demás, y lograr que se sientan cómodos? ¿Hemos actuado de forma contraria al Buda Dharma? ¿Hemos sido mezquinos o tacaños? ¿Orgullosos o perezosos? ¿Glotones o codiciosos? ¿Envidiosos o irascibles? ¿Nos hemos manchado a nosotros mismos o a los demás con pensamientos, palabras o acciones lascivas?

No es fácil ver nuestras propias faltas. A veces tenemos que esforzarnos en detectarlas si no podemos ver ninguna.

Por la noche, si nos encontramos en una habitación brillantemente iluminada e intentamos mirar por la ventana el oscuro paisaje, todo lo que veremos será nuestro reflejo en el espejo. No veremos nada que no conociéramos antes - nuestra imagen y la de ese pequeño espacio en el que estamos encerrados. Si queremos ver más allá de nosotros mismos, tenemos que apagar las luces. Tenemos que reducir la intensidad de nuestros egos o cortarlos por completo. Solo entonces podremos ver a través del cristal.

El octavo paso es Correcta Meditación.

1. El Hua Tou
Si un hombre desea ser feliz durante una hora, que tome una buena comida;
Si desea ser feliz durante un año, que se case;
Si desea ser feliz durante una vida, que cultive un jardín;
Si desea ser feliz por la eternidad, que examine un Hua Tou.

¿Qué es entonces un Hua Tou?

Hua Tou significa "palabra de cabeza", y podemos contrastar Hua Tou con Hua Wai que significa "palabra de cola". Si un perro caminara por delante de nosotros, antes de ver el cuerpo del perro veríamos su cabeza; y después de ver el cuerpo veríamos su cola. Hasta aquí, todo bien. De este modo, la palabra de cabeza o Hua Tou es el punto en el que se origina nuestro pensamiento - el punto antes de que entre en el "cuerpo" de la ego-conciencia. La cola es el pensamiento subsecuente. Nos detendremos en la palabra de cola más tarde.

En la antigüedad se consideraba suficiente el apuntar a la mente calma para realizar la Naturaleza búdica. Bodhidharma habló de "calmar la mente" y el Sexto Patriarca sobre "darse cuenta de la Naturaleza del Yo". Ambos defendían un simple reconocimiento del verdadero estado inmaculado de pureza de la mente. Pero apuntar no era tan sencillo como sonaba.

A medida que pasaron los años y el Chan se hizo popular, personas con distintos grados de habilidad se vieron atraídos por él. Muchos practicantes proclamaron haber encontrado caminos fáciles para alcanzar exaltados estados de iluminación. Alardeaban de poseer las preciosas joyas del Dharma, pero las joyas que describían simplemente las habían visto en posesión de otros.

Los verdaderos maestros Chan podían, por supuesto, ver correctamente estas falsas proclamas; pero los principiantes no siempre podían distinguir una verdad de una mentira. Los maestros, preocupados por los efectos desconcertantes que esta incorrecta información estaba teniendo sobre los nuevos practicantes, decidieron idear métodos para autentificar y estandarizar logros.

Uno de los métodos que idearon fue el Hua Tou.

Así que, ¿qué es un Hua Tou? Es una pregunta diseñada para concentrar nuestros pensamientos en un único punto, un punto que existe en la "cabeza" de la Mente Original, un punto inmediatamente anterior a que el pensamiento entre en nuestro ego conciencia. Es un pensamiento "fuente".

Vamos a examinar el Hua Tou, "¿Quién es lo que ahora repite el nombre de Buda?" De todas las preguntas Hua Tou, esta es la más poderosa. Ahora bien, este Hua Tou puede explicarse de muchas formas distintas, pero todas ellas apuntan a una cuestión básica, "¿Quién soy yo?" Sin importar cómo sea planteada la pregunta, la respuesta debe encontrarse en el mismo lugar en que se origina: en la fuente, el Yo Búdico. El ego no puede responderla. Obviamente, las respuestas rápidas y fáciles no valen para nada. Cuando preguntamos, "¿Quién es lo que ahora repite el nombre de Buda?" no podemos replicar, "¡Es yo, el Yo Búdico!" y que la respuesta quede así. Por esto debemos preguntar entonces, "¿Quién es este yo?" Continuamos nuestras interrogaciones y nuestras confrontaciones. Una guerra civil tiene lugar en nuestra mente. El ego combate al ego. A veces el ego gana y a veces el ego pierde. Combatimos sin parar. ¿Qué es lo hace a mi mente consciente de ser yo? Por cierto, ¿qué es mi mente? ¿Qué es la consciencia?

Nuestras preguntas se hacen más y más sutiles y pronto comienzan a obsesionarnos. ¿Quién soy yo? ¿Cómo sé quién soy? Estas preguntas dan vueltas y vueltas en nuestras cabezas como boxeadores cansados y hambrientos. A veces, podemos querer dejar de pensar en el Hua Tou, pero nos damos cuenta de que no podemos quitárnoslo de la cabeza. No sonará la campana y nos dejará descansar. Si no os gustan las metáforas pugilísticas podéis decir que el Hau Tou comienza a atraparnos como una melodía que no podemos dejar de canturrear. Así que ahí estamos - siempre luchando, siempre practicando. No hace falta decir que, un Hua Tou nunca debería degenerar en una expresión vacía. Mucha gente cree que puede hacer sombra con su Hua Tou e incluso experimentar el movimiento del combate. Mientras sus mentes están en otro lugar, sus labios dicen, "¿Quién está repitiendo el nombre de Buda? ¿Quién está repitiendo el nombre de Buda? ¿Quién está repitiendo el nombre de Buda?" Esta es la forma de los loros pendencieros, no de los practicantes Chan.

El Hua Tou tiene un significado. Es una pregunta que tiene una respuesta y debemos estar decididos a encontrarla.

Me doy cuenta de que "¿Quién soy yo?" suena como una pregunta simple, uno podría responder la pregunta sin dificultad. Pero no es una pregunta fácil de responder. Con frecuencia es extremadamente enigmática.

De hecho, mucha gente llega a un punto en la vida en que, a parte de cualquier técnica Chan, se comienza a preguntar quién es en realidad.

Vamos a considerar, por ejemplo, a una mujer de mediana edad que ha alcanzado el punto donde ya no está segura de quién es. Tiene lo que los psicólogos modernos llaman "una crisis de identidad". Quizás sus hijos han crecido y se han mudado de casa, y su marido ya no la encuentra atractiva. Está deprimida y confusa.

De repente se da cuenta de que toda su vida se ha identificado a sí misma en términos de su relación con otras personas. Ella ha sido siempre la hija, la hermana, la empleada, la amiga, la mujer, o la madre de alguien. Esta mujer comienza ahora a querer saber, ¿Quién soy yo cuando no soy la hija, la esposa, la madre, etc. de alguien? ¿Quién soy yo realmente?

Quizás repase su vida y vea que cuando prestaba atención a las necesidades de una persona, no estaba disponible para satisfacer las necesidades de los demás. Y que aquellos que se sentían desatendidos por ella, la criticaban, mientras que los que recibían su ayuda, simplemente la aceptaban como si de algún modo tuviesen derecho a ella. Ser criticada por una parte, y no apreciada como era debido por la otra, le causó mucho sufrimiento. Y aún peor, se puede dar que satisfaciendo las demandas de estas relaciones sociales externas, descuidó las necesidades de su vida espiritual interior. Ahora se siente vacía espiritualmente y quiere saber por qué dio tanto de sí misma a los demás, por qué no dejó nada para su Yo Búdico.

Pero un lazo mantiene las dos partes juntas. No es una ligadura sin retorno. ¿No es porque deseamos ser queridos o respetados, temidos o admirados, por lo que permitimos o fomentamos estas ataduras? ¿No son nuestros deseos de personas, lugares, y cosas de la existencia samsárica los que a la larga nos causan amargura y dolor? Claro que sí. Había una vez un hombre que trabajaba en una tienda de comestibles. Todos los días solía robar comida y llevarla a casa para su familia. Su mujer e hijos crecieron fuertes y sanos, y utilizaba el dinero que habría que tenido que gastar en comida en comprar ropa y otros objetos. Le dijeron que era el mejor marido y padre que nadie podía tener. Pronto, el hermano del hombre, viendo esta prosperidad, le pidió que robara comida también para él; y el hombre accedió. Su hermano le adoraba. "Eres el mejor hermano que un hombre puede tener - decía."

Luego, un amable vecino que estaba atravesando problemas económicos le rogó que le ayudara; y el hombre robó más comida aún. Su vecino estaba muy agradecido, "Eres el mejor amigo que un hombre puede tener -decía."

El hombre se sentía importante y apreciado. En su deseo de ser querido y respetado, no se dio cuenta de que se había convertido en un vulgar ladrón.

Poco tiempo después fue atrapado, culpado, y condenado por sus robos. Fue sentenciado a pasar años en la cárcel.

¿Cuántas de las personas a las que había ayudado se ofrecieron a ocupar su lugar en la cárcel aunque solo fuera por una noche de su condena? Ninguna. ¿Cuántos se ofrecieron a restituir al menos la mitad de lo que les había proporcionado? Ninguno.

Tristemente el hombre se dio cuenta de que su familia se sentía molesta de admitir que había tenido relación con un ladrón. Tristemente el hombre se dio cuenta de que sus amigos expresaban lo aliviado que estaba el vecindario con un tipo tan vil entre rejas. Y de este modo, cuando nos preguntamos realmente quiénes somos, debemos reflexionar sobre los estúpidos deseos de nuestro ego y los patéticos caminos en que se humillará por afecto.

Cuando preguntamos, "¿Quién soy yo?", debemos preguntarnos también si nos identificamos a nosotros mismos en términos de nuestra riqueza o posición social. ¿Qué sucedería si perdiésemos nuestro dinero o fuéramos expulsados de la sociedad debido a un defecto en nuestro pedigrí? ¿Somos nuestras cuentas bancarias, nuestro círculo social o nuestro linaje?

¿Qué hay acerca de nuestros trabajos? ¿Somos nuestras ocupaciones? Si un músico se lesiona la mano y ya no puede seguir tocando su instrumento, ¿deja de existir? ¿Se ve privado de su humanidad por el hecho de verse privado de su identidad como músico?

¿Nos identificamos a nosotros mismos en términos de nuestras nacionalidades, nuestras ciudades, nuestros vecindarios, el lenguaje que hablamos o los deportes que practicamos?

¿Perdemos parte de nosotros mismos si nos trasladamos a una nueva localidad?

¿Somos nuestros cuerpos? Si un hombre tiene cabeza, tronco, y cuatro extremidades, ¿qué ocurriría si perdiera dos extremidades? ¿Solo es las dos terceras partes de un hombre? Pensad en lo estúpido que sería si él y su hermano tuvieran que repartir equitativamente una herencia, y su hermano dice que como le falta un brazo y una pierna, ¡solo tiene derecho a las dos terceras partes de su herencia!

¿Podemos definirnos como nuestros egos, nuestro sentido consciente de "yo", "mí" ó "mío"? ¿Qué sucede cuando dormimos? ¿Dejamos de existir? ¿Qué sucede cuando nuestra atención está completamente centrada en un problema, o un drama, o en alguna música maravillosa? ¿Que sucede cuando meditamos y perdemos completamente nuestro sentido de la yo-idad? ¿Los santos que alcanzan un estado de no-yo dejan de existir? Y Shakyamuni Buda, que estaba tan desprovisto de la personalidad de Siddharta que sólo podía llamarse "Tathagata" - la Realidad como Tal o la Talidad de la Realidad, Sí Mismo - ¿dejó de existir ya que no tenía naturaleza egótica?

Al intentar responder al Hua Tou, "¿Quién soy yo?" o "¿Quién repite el nombre de Buda?", debemos examinar nuestras identidades ilusorias, nuestras cambiantes y condicionales identidades samsáricas.

Queridos amigos, ¡rompan las viejas ataduras! ¡Disuelvan las auto-imágenes llenas de orgullo y las relaciones especiales, y creen en su lugar humildes y genéricas variedades! No pidan amigos. Intenten simplemente ser alguien amable, alguien que respeta a toda la gente y la trata con toda bondad y consideración.

No se limiten solo a un cariño filial hacia sus padres, sean solícitos hacia todas las personas mayores, etc.

Una vez que nos desapegamos de las relaciones emotivas específicas y nos extendemos hacia toda la humanidad, comienza a emerger una nueva fuerza del carácter.

El Hua Tou, "¿Quién soy yo?" es una Espada Vajra que, cuando es empuñada adecuadamente, cortará el molesto ego.

Un Hua Wei, o palabra de cola, sigue la pista de un pensamiento hasta su origen. Esto también puede ser muy útil. Por ejemplo, un niño en compañía de sus amigos le hace a su padre una pregunta, dice, "¿Podemos ir a la playa este fin de semana?" y su padre contesta de modo áspero, "¡No me molestes!" y aparta al niño de un empujón haciéndole sentir pena y dolor por el rechazo.

Esa respuesta puede ser un Hua Wei. El hombre debe preguntarse, ¿por qué he respondido a mi hijo de esta manera? ¿Por qué me trastorné de repente? Sabe que antes de que su hijo se le acercara, estaba de buen humor. ¿Qué había en la pregunta que le trastornó?

Comienza a seguirle la pista a cada una de las palabras. ¿Fue la expresión 'fin de semana'? ¿Qué asocia con esta palabra? Si no puede encontrar nada, prueba con la palabra "playa". Comienza a recordar sus experiencias en la playa. Piensa en muchos acontecimientos y de repente recordará lo que le perturba. No quiere pensar en ello, pero la disciplina Hua Wei requiere que examine este hecho. ¿Por qué le perturba el recuerdo? ¿Qué hay tan desagradable en él? Continua investigando este suceso hasta que llega a la causa raíz de su dolor.

Queridos amigos, esa causa raíz seguramente le causará daño a su orgullo y a su auto-estima. Y de este modo el hombre recuerda y, de alguna forma, revive la experiencia, solo ahora puede verla desde una perspectiva diferente, más natural. Quizás esa amarga experiencia implique en realidad malos tratos que recibió ¡de su propio padre! De todas formas, seguramente verá que ha transferido el dolor de su experiencia infantil en la playa a su inocente hijo. Debido a esto, intentará compensar su cruel desaire, y de esta forma, su carácter crecerá.

Sucede ocasionalmente que si el hombre se concentra lo suficiente en el Hua Wei, el perro podría morder su propia cola; y puede en realidad ir de la cola a la cabeza de un trago. A veces un Hua To