El Sutra de Hui-Neng
El Gran Maestro del Zen
 
Capítulo I Página 2
 
Continuación
 
 
Repliqué, "El arroz ha estado listo por mucho tiempo, pero todavía quiere cernerse."
 
El Gran Maestro golpeó el mortero tres veces con sus bastón. Inmediatamente entendiendo lo que el Gran Maestro quería decir, fui a su habitación, en la tercera posta, [en el medio de la noche]. Usando su vestimenta como resguardo o mampara, de manera que nadie nos viera,  él me explicó el Sutra Diamante. Cuando llegó al punto donde dijo, "Deberás activar la mente sin vivir en nada," en el momento de él pronunciar esas palabras yo tuve la realización abrumadora de que todas las cosas no están separadas de la naturaleza inherente.
 
Entonces le dije al Gran Maestro, ¿Quién habría predicho que la naturaleza inherente es originalmente intrínsecamente pura?  ¿Quién habría predicho que la naturaleza inherente originalmente no nace ni muere? ¿Quién habría predicho que la naturaleza inherente es originalmente completa en sí misma? ¿Quién habría predicho que la naturaleza inherente es originalmente inmovible? ¿Quién habría predicho que la naturaleza inherente puede producir miríadas de cosas?
 
Conociendo que había realizado la naturaleza original, el Gran Maestro me dijo, "Si uno no discierne la mente original, no hay ningún beneficio en estudiar las enseñanzas. Si disciernes tu propia mente y ves tu propia naturaleza esencial, eres lo que ellos llaman un gran hombre, un maestro de humanos y ángeles, un buda.
 
Recibí la enseñanza en el medio de la noche, sin que nadie lo supiera. Él entonces me entregó la doctrina de la inmediatez, como también el tazón y el manto diciendo, “Eres el Gran Maestro de la sexta generación. Se consciente y libera espiritualmente los seres en todas partes, popularizando las enseñanzas de manera que no mueran en el futuro. Escucha mi verso:
 
 
“Aquellos con sentido plantan semillas;
Los frutos crecen de la tierra.
Dado que no hay semilla sin sentido,
No hay naturaleza, ni vida.”
 
 
El Gran Maestro también dijo, “Cuando el gran maestro Bodhidharma llegó a esta tierra por primera vez hace mucho tiempo, las personas todavía no creían en él, así que él dio su manto como la encarnación de la fe, y ese manto ha sido heredado a través de generaciones. En cuanto a la enseñanza, es trasmitida de mente a mente, capacitando a todos a despertarse a sí mismo y a entender por sí mismo.
 
“Desde los tiempos inmemoriales, los budas han comunicado solamente la realidad original; los maestros han impartido íntimamente la mente original. El manto es un hueso de controversia; detengámoslo contigo y que no se dé. Si tu fueras a dar este manto, tu vida estaría en peligro. Debes irte inmediatamente, porque temo que las personas te puedan dañar.”
 
Pregunté, “¿Dónde debo ir?”
 
El Gran Maestro dijo, “Detente cuando encuentres a Huai; hiberna cuando encuentres a Hui.”
 
Cogiendo el manto y el tazón en el medio de la noche, dije, “Soy originalmente un sureño, y desconozco los caminos montañosos de aquí. ¿Cómo puedo salir de la boca del río?”
 
El Quinto Gran Maestro dijo, “No te preocupes. Yo mismo te llevaré allí. Entonces el Gran Maestro me llevó a la Estación del Río Nueve, donde me puso en un bote. El Quinto Gran Maestro mismo cogió los remos y remó.
 
Le dije al Gran Maestro que se sentara y me dejara remar, pero él dijo, “Es lo apropiado que yo te transporte de una orilla a otra.”
Le dije, “Cuando las personas están perdidas el guía los transporta de una orilla a la otra, cuando uno está iluminado, uno se transporta a sí mismo a la otra orilla.”
El Gran Maestro dijo, “Así es. Así es. En lo sucesivo el Budismo llegará a ser muy popular a través de ti. Tres años después que te vayas, me iré de este mundo. Ahora debes de irte; ábrete el paso hasta el Sur. Es mucho mejor no cantar victoria muy rápido; es muy difícil promover el Budismo.
 
Después que me hube despedido y dejé al Gran Maestro, me dirigí hacia el sur. En dos meses alcancé la montaña de Ta Yu.
 
(Después que el Quinto Gran Maestro regresó, él no disertó por muchos días. La comunidad estaba perpleja. Ellos preguntaron si él no estaba bien o estaba indispuesto. Él respondió que no era que él estaba enfermo, sino que la enseñanza se había ido ya al Sur. Cuando ellos preguntaron a quién le había sido trasmitida, él replicó, “El capaz la ha obtenido.” La comunidad entonces supo quien era [porque la palabra “capaz” es el significado de neng en el nombre de Hui-neng])
Muchos cientos de personas me siguieron, queriendo arrebatarme el manto y el tazón. Un monje, llamado Hui-ming, que había sido un general de cuatro estrellas y un tipo de hombre tosco y dispuesto, se unió en la persecución con extremo entusiasmo. Me persiguió primero que nadie. Lancé el manto y el tazón en una roca y dije, “Este manto representa la fe; ¿es apropiado luchar por él?” Entonces me escondí detrás de la leña.
 
Hui-ming fue hacia el manto y el tazón y trató de recogerlos, pero no los pudo mover. Entonces me llamó, “¡Trabajador, he venido por la enseñanza, no por el manto!” Entonces, salí de mi escondite y me senté sobre un pedrusco. Hui-ming hizo una reverencia y dijo, “Por favor Trabajador, explícame la enseñanza.”
 
Dije, “Dado que has venido por la enseñanza, deberías invalidar todos los objetos y no concebir un solo pensamiento; entonces te expondré y explicaré la enseñanza.
 
Hui-ming estuvo silencioso por un largo tiempo. Le dije, “Cuando no piensas del bien y no piensas del mal, ¿cuál es tu rostro original?”
 
Al oír estas palabras, Hui-ming se iluminó grandiosamente. Entonces preguntó, “¿Hay una idea secreta más, además de la idea secreta que ahora secretamente hemos hablado?”
 
Le dije, “Lo que te he dicho a ti no es secreto. Si tú reflejas hacia el interior, el secreto está en ti.”
 
Hui-ming dijo, “Aunque yo estuve en Huang-mei, en realidad yo no he visto todavía mi propio rostro. Ahora que he recibido tu instrucción, soy como un hombre que bebe agua y conoce por él mismo si está fría o tibia. Trabajador, ahora tú eres mi maestro.”
 
Le dije, “Si tú eres de tal modo, tú y yo somos ambos estudiantes de Huang-mei. Mantenlo presente siempre.
 
Hui-ming también preguntó, “¿Dónde debo ir después de esto?”
 
Le dije, “Si vienes a Yuan, entonces detente; si vienes a Meng, entonces quédate.”
 
Hui-ming reverenció y partió. (Cuando Hui-ming puso sus pies en la montaña, le dijo a la multitud de perseguidores, “He escalado exactamente a las alturas, pero después de todo, no había ni un rastro de él. Es mucho mejor que miremos por otra parte.” Todos ellos lo creyeron. Hui-ming después cambió su nombre a Tao-ming, para evitar asumir el mismo primer nombre característico del Maestro Hui-neng.)
 
Después yo vine a Ts’ao-ch’i, pero otra vez estuve perseguido por los hombres malos, y entonces me refugié entre un grupo de cazadores en la Cordillera de Ssu-ming. Pasé quince años entre ellos, ocasionalmente exponiendo la enseñanza a los cazadores cuando las oportunidades adecuadas aparecían.
 
Los cazadores me observaban cerca de las trampas, pero cada vez que yo veía una criatura viviente, a todas las dejaba ir. En todas las comidas yo ponía vegetales en la cacerola donde la carne estaba siendo cocida. Si alguien me preguntaba acerca de eso, le respondía que me comía los vegetales además de la carne.
 
Un día pensé que el momento había llegado para diseminar la enseñanza, y que no debía ya más estar escondido para siempre. Así que finalmente los dejé y me fui al templo de la Naturaleza de la Realidad en la Provincia de Kuang. Allí encontré el maestro doctrinal Yin-tsung dando una disertación sobre el Nirvana-sutra.
 
Por ese tiempo el viento soplaba, y los banderines estaban ondeando. Un monje dijo, “El viento se está moviendo”. Otro monje dijo, “Los banderines se están moviendo.” Ellos argumentaron una y otra vez, de forma que salí adelante y dije, “No es el viento él que se mueve, no son los banderines los que se mueven; son sus mentes en movimiento.
 
Todo el mundo se quedó sobresaltado. Yin-tsung me invitó a la tribuna preguntándome atentamente acerca del significado interno. Él observó que mi habla era simple y mi razonamiento preciso y certero; y que eso no había llegado de las escrituras.
 
Yin-tsung dijo, “Trabajador, ciertamente tú no eres un hombre ordinario. Por mucho tiempo, he oído que el manto y la enseñanza de Huang-mei habían llegado al Sur. ¿Puede que no seas tú, Trabajador?”
 
Le dije, “No me atrevo a presumir.”
 
Ahora Yin-tsung reverenció, y me pidió que le enseñara a la comunidad el manto y el tazón que me habían sido entregado. Yin-tsung también agregó, “¿Cómo el legado de Huang-mei es demostrado y trasmitido?”
 
Le dije, “No hay demostración o trasmisión, solamente es un asunto de ver la naturaleza, no un asunto de meditación o liberación.”
 
Yin-tsung preguntó, “¿Por qué no es un asunto de meditación y liberación?”
 
Le dije, “Porque esas dos cosas no son Budismo; el Budismo es una enseñanza no dualística.”
 
Yin-Tsung preguntó, “¿Cuál es la enseñanza no dualística del Budismo?”
 
Le dije, “Tu disertación o discurso sobre el Nirvana-sutra, que explica la naturaleza búdica. Ésta es la enseñanza no dualística del Budismo. Por ejemplo, el bodhisattva Rey de Cualidades Nobles le dice a Buda, ‘¿Cortará la raíz de la bondad y la naturaleza esencial de la Budeidad, la violación de las cuatro serias prohibiciones, que causan los cinco pecados perversos o el conducirse  incorregiblemente sin esperanza?’
 
Buda dijo, “La Raíces del bien o la bondad tienen dos aspectos: uno es permanente, otro es impermanente. La Naturaleza Búdica Esencial ni es permanente ni es impermanente, de forma que no es eliminada; eso es lo que se llama no-dualidad.
 
La Unidad es el bien, el dualismo no es el bien. La naturaleza búdica esencial ni es el bien ni no es el bien; esto es llamado no-dualidad.
 
“ ‘Las personas ordinarias ven el cuerpo y el mundo como dos; el sabio realiza que su naturaleza esencial no es dos. La naturaleza no-dual es la naturaleza búdica.’ ”
 
Escuchando esta explicación, Yin-tsung se regocijó. Uniendo las palmas de sus manos, él dijo, “Mis disertaciones en las escrituras son como grava; tu discurso en el significado es como oro puro.”
 
Ahora él afeitó mi cabeza y deseó mirarme como su maestro. Entonces finalmente establecí la Escuela de la Montaña del Este bajo el árbol iluminado.
 
Alcancé la enseñanza en la Montaña del Este, pasando gran penalidad y dolor y con mi vida colgando en un hilo. Ahora he podido participar en esta asamblea junto con el gobernador y sus oficiales, los monjes, las monjas, y los seglares, esto es, todas las personas que hemos tenido afinidad por eones: y es porque hemos ayudado a Buda en las vidas pasadas plantando juntos las raíces de la bondad, que ustedes han llegado a escuchar este relato predeterminado e inevitable del logro de la verdad de la enseñanza de la inmediatez.
 
La enseñanza de la inmediatez fue trasmitida por los sabios del pasado; ella no es mi propia sabiduría personal. Aquellos que desean escuchar la enseñanza de los sabios de antaño deberán clarificar sus propias mentes. Después que han oído esto, que cada uno salga de la duda por sí mismo, y no será diferente de los sabios de las generaciones pasadas.
 
Habiendo escuchado la enseñanza, la asamblea completa se inclinó regocijadamente y se retiró.
 
 
Final del Capítulo 1, Historia Personal
 
 
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