Desde Quito, Ecuador, Luis Alfredo Romero nos dice:

 

Quito, 3 de julio de 1999.

En días pasados leí vuestra página sobre el caminante solitario y la sentí
muy descriptiva. En verdad, eso es lo que sucede y, a pesar de todo el amor que poco a poco uno desea irradiar a todos los seres existentes, y, a pesar de todo aquel amor divino que, momento a momento, recibimos en nuestra existencia, no deja de ser cierto que a veces se siente un poco de frío al seguir en el sendero.

En esas diversas etapas por las que atravesamos (de la misma manera como el Eclesiastés dice, que "hay un tiempo para trabajar y un tiempo para descansar, etc. ), también hay etapas de actuar y etapas de esperar, etapas de escuchar y etapas de hablar, etapas de alejamiento del mundo y etapas en que hay que lanzarse en medio de su bullicio.

Me parece que a lo que debemos estar alertas es a percibir el flujo interno y a dejarnos llevar con él, recordando que TODO viene de arriba y que debemos es abandonarnos dócilmente a ese flujo. Como nos dice Sri Aurobindo en alguna parte, "as an engine is passive in the hands of the driver".

La etapa por la que estoy atravesando es un poco de silencio y de alejamiento, un poco dedicado a trabajar con aquello que vos llamáis en vuestro editorial "los hábitos de la Ignorancia", recordando que el Maestro en alguna parte dice que cuando uno de nosotros está trabajando con la transformación de algún aspecto de su naturaleza inferior, a la hora de la verdad, no trabaja con esa transformación en uno solo sino en toda la humanidad, y por eso la lucha a veces se hace más dura y más difícil.

En estas etapas de alejamiento, el frío a veces se hace más intenso y el
peligro de zozobrar en un egoísmo mayor es muy grande, pero tampoco se puede regresar. Hay que mantenerse firme.

Quito, 8 de julio de 1999.

La verdad es que creo que, en la medida en que todos los caminantes
solitarios, podamos contarnos nuestras aventuras, caídas, logros, alegrías, lecciones y enseñanzas que vamos recibiendo en el camino, en esa misma medida, no sólo vamos a sentir menos frío porque nos sentimos acompañados y resonando en la misma vibración, sino que vamos a tener lucecitas adicionales en nuestro aprendizaje, ya que vamos a sentir que no sólo los maestros lo logran, sino que alguien parecido a nosotros también lo está logrando.

Que la paz y la gracia del Divino os acompañen en todo momento.

Afectuosamente,

Luis Alfredo.